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La presa de las Tres Gargantas y el día que la humanidad movió el eje de la Tierra

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La majestuosa presa de las Tres Gargantas, China. © Kun Yang | Dreamstime.com

Parece una exageración, pero no lo es. La presa de las Tres Gargantas y el eje de la Tierra están conectados por un dato confirmado por la NASA que desafía la intuición humana. La mayor central hidroeléctrica del mundo, ubicada en China, fue capaz de alterar ligeramente la rotación del planeta y desplazar su eje por efecto de la masa de agua que retiene.

La presa de las Tres Gargantas, construida sobre el río Yangtsé, tiene una capacidad de almacenamiento de más de 39.000 millones de metros cúbicos de agua. Cuando ese volumen se concentra en un punto específico del planeta, ocurre algo inesperado. La distribución de la masa terrestre cambia, y con ella, el comportamiento físico de la Tierra.

Según cálculos de la NASA, la acumulación de agua en la presa desplazó el eje de rotación del planeta aproximadamente dos centímetros. Además, al redistribuir masa más cerca del ecuador, la rotación terrestre se volvió apenas más lenta. El resultado fue una modificación en la duración del día de alrededor de 0.06 microsegundos. Una cantidad imperceptible para los humanos, pero medible para la ciencia.

El fenómeno puede compararse con una patinadora artística. Cuando extiende los brazos, su giro se ralentiza. Cuando los recoge, acelera. En el caso de la presa de las Tres Gargantas y el eje de la Tierra, el agua actúa como esos brazos extendidos, redistribuyendo la masa del planeta y alterando su dinámica rotacional.

Es importante aclarar que este cambio no representa ningún peligro. No afecta el clima, los relojes ni la vida cotidiana. Sin embargo, sí tiene un enorme valor simbólico y científico. Demuestra que las acciones humanas, cuando alcanzan una escala colosal, pueden interactuar con procesos planetarios que antes se consideraban intocables.

Este no es el primer caso en que la masa redistribuida altera la rotación terrestre. Grandes terremotos también han modificado el eje y la duración del día en fracciones diminutas. Lo distinto aquí es que se trata de una obra construida por el ser humano, no de un evento natural.

La presa de las Tres Gargantas y el eje de la Tierra se han convertido en un ejemplo inquietante de hasta dónde puede llegar la ingeniería moderna. No movimos la Tierra de forma perceptible, pero sí lo suficiente como para dejar una huella medible en el planeta. Un recordatorio de que la escala de nuestras obras ya no se limita al paisaje, sino que empieza a rozar la física del mundo que habitamos.

El Especialito

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