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El cerebro humano forma patrones de pensamiento incluso antes de nacer, según un nuevo estudio

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Tal Sharf, investigador en la Escuela de Ingeniería Baskin, sostiene un chip de matriz de microelectrodos basado en CMOS que se utiliza para localizar con precisión la actividad eléctrica de neuronas individuales dentro de tejido organoidal de tamaño milimétrico. Fotografía facilitada por Carolyn Lagattuta/ UC Santa Cruz.

¿En qué momento empezamos a formar pensamientos? Un equipo internacional de científicos acaba de demostrar que los primeros patrones del pensamiento humano aparecen antes de cualquier experiencia con el mundo exterior. Es el propio cerebro, en su etapa más temprana, el que genera actividad eléctrica organizada, como si viniera con un manual básico de funcionamiento.

El estudio, liderado por la Universidad de California en Santa Cruz y publicado en Nature Neuroscience, observó esta actividad en organoides cerebrales, pequeños modelos tridimensionales creados a partir de células madre que imitan el desarrollo de tejido cerebral humano.

Según Tal Sharf, investigador principal, estas células forman circuitos y se comunican entre sí mucho antes de que exista cualquier tipo de experiencia sensorial. Para él, lo que se observa en el laboratorio es una versión primitiva del “sistema operativo” del cerebro, una estructura que antecede al aprendizaje y que podría explicar cómo el cerebro se prepara para interpretar el mundo.

Un cerebro que se construye antes de percibir

Los organoides, piezas clave para entender los primeros patrones del pensamiento humano, permiten estudiar las etapas del desarrollo cerebral que normalmente ocurren en el útero. Para este estudio, los científicos guiaron a células madre humanas a convertirse en tejido cerebral y midieron su actividad eléctrica con microchips de alta precisión.

Descubrieron que, incluso sin haber recibido estímulos externos, los organoides generaban señales eléctricas estructuradas, muy similares al modo predeterminado de activación neuronal que se observa en cerebros adultos. Este “modo de fondo” no aparece al azar, sino que marca los límites de las respuestas sensoriales posibles.

Es decir, el cerebro no empieza de cero. “Incluso sin estímulos, estos modelos disparan secuencias complejas que parecen listas para refinarse cuando lleguen los sentidos reales”, explica Sharf.

Sistemas que se autoorganizan

La conclusión central del estudio es que los primeros patrones del pensamiento humano no se originan solo por experiencia, sino por un proceso de autoorganización genética. Para los investigadores, esta estructura inicial podría ser una herramienta evolutiva diseñada para permitir que los seres humanos construyan mapas mentales del mundo desde el primer instante en que comienzan a percibirlo.

“Todo indica que la evolución encontró un modo de preconfigurar el sistema nervioso central para que pueda crear un modelo del mundo incluso antes de interactuar con él”, señala Sharf.

Implicaciones para la salud y el desarrollo

El hallazgo abre la puerta a comprender mejor trastornos del neurodesarrollo y los efectos de sustancias tóxicas en el cerebro en gestación, como pesticidas y microplásticos. También podría ayudar a estudiar condiciones como el autismo o el TDAH desde una perspectiva más temprana y detallada.

Saber que estas estructuras aparecen espontáneamente en modelos de laboratorio ofrece a los científicos una nueva vía para analizar etapas críticas del desarrollo humano sin las limitaciones éticas o prácticas de estudiar el cerebro dentro del útero.

El Especialito

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