Alejandro Jodorowsky asegura que morir no es un dolor, sino una forma de recuperar la esencia de lo que uno es. Así lo afirma el creador francochileno en una entrevista en la que reflexiona sobre la vida, el arte y la verdad, cuando falta un mes para que cumpla 97 años y en plena publicación de una obra que condensa su trayectoria creativa.
El artista, figura clave del movimiento underground del siglo XX y admirado por nombres como David Lynch y John Lennon, acaba de lanzar Art sin Fin, una edición limitada publicada por Taschen. La obra consta de dos volúmenes que reúnen 1.072 páginas y pretende recorrer los momentos más significativos de una carrera marcada por la experimentación y la ruptura de etiquetas.
Según explicó Jodorowsky, el libro propone un viaje que comienza en su Chile natal y continúa con su llegada a París en la década de 1950, cuando buscaba integrarse al movimiento surrealista impulsado por André Breton. En ese recorrido se cruzan el teatro de vanguardia, el cine, el cómic y una búsqueda espiritual que ha definido buena parte de su obra.
Autor de películas de culto como El Topo y La Montaña Sagrada, y de la influyente novela gráfica El Incal, Jodorowsky sostiene que con este proyecto ha intentado “conquistar la realidad”. Nacido en 1929 en Tocopilla, hijo de inmigrantes judíos ucranianos, su formación se nutrió del psicoanálisis de Freud y Jung, así como del chamanismo, al que se acercó durante su etapa en México.
Ese interés por lo simbólico lo llevó a practicar el tarot de Marsella y a desarrollar la psicomagia, una técnica terapéutica basada en actos simbólicos para sanar traumas. Esta propuesta tiene raíces en su experiencia en el teatro experimental y en el colectivo artístico Pánico, que fundó junto a Fernando Arrabal y Roland Topor.
Al mirar hacia el futuro, Jodorowsky reconoce que se aproxima al siglo de vida sin sentirse definido por la edad. Afirma que está replanteando todo aquello que lo ha construido, en una búsqueda constante de la verdad. Para él, conocerla no pasa por acumular datos, sino por comprender el universo desde una dimensión más profunda.
Su visión sobre la muerte se aleja del miedo. Considera que es posible morir satisfecho a cualquier edad y que el verdadero misterio no es desaparecer, sino transformarse. Desde su perspectiva, los seres humanos son materia en apertura, como una flor que se abre.
La influencia de Jodorowsky se extiende a varias generaciones de artistas. Reconoce el impacto que tuvo en cineastas como David Lynch y Ridley Scott, así como en la estética de grupos como Daft Punk. También recuerda su relación con John Lennon, quien se interesó por su cine y contribuyó a financiar La Montaña Sagrada.
Incluso su proyecto inconcluso de llevar Dune al cine dejó una huella duradera en la ciencia ficción. El trabajo de preproducción de aquella adaptación fallida influyó en creadores posteriores, entre ellos George Lucas.
Jodorowsky, que se define como un ciudadano del mundo, también evoca su infancia en Tocopilla y un despertar precoz de la conciencia a los cuatro años. Recuerda ese momento como una apertura súbita, un instante que marcó su forma de mirar la vida y que, décadas después, sigue alimentando una obra que no busca cerrarse, sino expandirse.









