La costura de París comenzó la semana con una sacudida visual. Schiaparelli abrió las jornadas de Alta Costura otoño-invierno 2026-2027 con una colección que dejó claro que el lujo no siempre depende de materiales nobles, sino de la imaginación capaz de transformarlos.
Bajo la dirección creativa de Daniel Roseberry, la casa presentó una propuesta donde el látex, la silicona, las láminas de pintura horneada y hasta luces LED convivieron con técnicas tradicionales de confección artesanal. El resultado fue una colección que mantuvo el espíritu surrealista de Schiaparelli, pero lo llevó hacia un terreno más experimental, casi escultórico.
La colección, titulada “The Call of the Void”, reunió treinta salidas en las que la firma exploró la tensión entre lo ordinario y lo extraordinario. Roseberry explicó que el equipo trabajó en nuevas técnicas de confección y materiales poco habituales en la Alta Costura, una categoría tradicionalmente asociada con sedas, lanas, satenes, bordados preciosos y trabajos manuales de altísimo nivel.
Ese contraste fue precisamente el punto de partida. Schiaparelli no abandonó sus códigos, como el dorado, la cerradura o las referencias anatómicas y surrealistas, pero los reimaginó. Hubo flores creadas con medias estiradas sobre alambres metálicos, corpiños esculpidos en silicona, vestidos construidos con tubos de crinolina, piezas con flores reales y detalles inspirados en escamas de pez.
La paleta arrancó con blanco y negro, dos colores esenciales para construir drama y contraste, pero luego se abrió hacia tonos vinculados con la flora y la fauna marina, como rosa, mandarina y violeta. Aberturas, transparencias, asimetrías, plumas y brillos reforzaron la intención de crear prendas pensadas para momentos de alto impacto visual.
La propuesta parece diseñada para alfombras rojas, festivales de cine y ceremonias como los Óscar, donde Schiaparelli se ha convertido en una de las casas más buscadas por celebridades que quieren algo más que un vestido bonito. La firma entiende que la moda de lujo también necesita conversación, riesgo y espectáculo.
La referencia a Elsa Schiaparelli sigue siendo inevitable. La fundadora de la casa fue conocida como la surrealista de la moda y colaboró con artistas como Salvador Dalí. Roseberry retoma esa herencia no como nostalgia, sino como permiso para seguir preguntando qué puede ser un vestido, qué puede considerarse bello y hasta dónde puede llegar la costura cuando se libera de sus materiales más previsibles.
Por la tarde, Dior presentó una lectura distinta de la Alta Costura. Jonathan Anderson apostó por una colección más enfocada en la artesanía, con siluetas orgánicas, texturas visibles y materiales que subrayaban el trabajo manual. La famosa chaqueta Bar volvió a aparecer dentro de una paleta de verdes, blancos, grises y negros.
La propuesta de Dior se sintió más ponible y contenida que la de Schiaparelli, con nudos, plisados y drapeados que reforzaron una feminidad suave, estructurada y elegante. Si Schiaparelli buscó el golpe surrealista, Dior se inclinó por una belleza más táctil, más cercana al oficio y al movimiento del cuerpo.
La semana continuará con una de las citas más esperadas: Chanel. La casa francesa presentará este martes su segunda colección de Alta Costura bajo Matthieu Blazy, con dos desfiles en París. La expectativa es alta, porque Blazy ha sido observado de cerca desde su llegada a una de las firmas más influyentes del mundo.
La Alta Costura siempre ha sido el espacio donde la moda puede permitirse soñar sin pedir permiso. Esta temporada en París, Schiaparelli decidió hacerlo desde la rareza, Dior desde la artesanía y Chanel llega con la presión de escribir su propio capítulo. La semana apenas comienza, pero el mensaje ya está claro: la costura sigue viva porque todavía sabe sorprender.