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El secreto de la mansión – Capítulo 6 – Parte 1

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Novela semanal publicada en el periódico El Especialito.
Los capítulos más recientes se leen primero en la edición impresa.
Las partes anteriores están disponibles en nuestro sitio web.

Por: Isis Sánchez / El Especialito

Eleanor quiso responder, pero las palabras se ahogaron en su garganta. Todos la miraban. El silencio era una sentencia.

No sé de qué habla, mi lady, logró decir.

Oh, lo sabe perfectamente, replicó Lady Ashcroft, avanzando un paso. Desde que llegó, nada ha sido igual. Y ahora, un incendio… una muerte… ¿coincidencias? No lo creo.

Harrow apareció entonces, apoyado en su bastón, el rostro ensombrecido por el humo.

Basta, madre, dijo con voz baja pero firme.

Eleanor lo miró con desconcierto.

¿Madre?, repitió Eleanor, sin poder creerlo.

Lady Ashcroft apretó los labios, pero Harrow no se movió.

Sí, dijo él con voz cortante. Pero solo por crianza. No por afecto.

El silencio que siguió fue más fuerte que el rugido del fuego. Lady Ashcroft lo miró con furia contenida.

Usted, dijo la dama con un tono glacial, fue la última que habló con Larkin, ¿no es así?

Cuida tus palabras, Alistair. A veces, los secretos mejor guardados son los que mantienen viva a una familia.

Y a veces, respondió él mirándola con dureza, son los que la condenan.

Un crujido interrumpió la tensión. El techo del invernadero se derrumbó, lanzando chispas al aire. Los criados corrieron para contener las llamas, pero el fuego se extendía con violencia.

Eleanor se volvió hacia Harrow.

Alguien estaba allí dentro antes de que empezara el incendio, le dijo en voz baja, casi sin aliento. Lo vi desde el pasadizo del espejo.

Él la tomó del brazo con fuerza.

¿Qué dice?

Larkin estaba moviendo algo. Había huellas frescas en el pasadizo. Alguien lo vio… o lo mató.

Harrow la miró con gravedad.

Entonces ya lo saben todo, susurró. Y ahora intentan borrar las pruebas.

Las llamas se reflejaban en sus ojos con un brillo imposible de distinguir entre furia y miedo.

Esta noche, dijo él, Ravenscroft Hall ha vuelto a despertar. Y no se detendrá hasta consumirnos a todos.

La noche se había tragado a Ravenscroft Hall.

El incendio del invernadero había sido sofocado, pero el olor a humo aún impregnaba cada rincón de la casa. Los criados murmuraban entre ellos, los herederos se encerraban en sus habitaciones, y Lady Ashcroft permanecía en su estudio, con los ventanales cerrados y la mirada fija en el fuego de la chimenea.

Nadie dormía. Tampoco Eleanor.

El miedo había dado paso a una certeza. Lo del invernadero no había sido un accidente. Alguien había provocado el fuego para borrar algo. Y ese algo tenía relación con los pasadizos ocultos detrás del espejo.

Pasada la medianoche, un leve golpe sonó en su puerta.

Eleanor se incorporó de inmediato, con el corazón latiendo con fuerza. Abrió lentamente.

Mr. Harrow estaba allí, vestido de negro, sin la silla de ruedas. La tenue luz del pasillo lo envolvía en sombras.

Tenemos que hablar, dijo en voz baja.

¿Ahora?, susurró ella, sorprendida.

Es la única hora en que Ravenscroft duerme.

Eleanor asintió. Tomó su lámpara y lo siguió.

Caminaron en silencio por el corredor hasta el ala oeste. El aire allí era más frío y el eco de sus pasos parecía multiplicarse entre las paredes.

Ante el espejo, Harrow se detuvo.

Nadie más debe saber de esto, le advirtió. Si lo descubren, no habrá lugar seguro para ninguno de los dos.

Eleanor levantó la lámpara y miró el marco.

Ya lo limpiaron.

Precisamente por eso, dijo él, empujando el borde con firmeza. El mecanismo cedió.

El espejo giró lentamente, revelando la puerta secreta. Una corriente de aire frío y húmedo surgió del interior.

El Especialito

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