El Departamento de Estado de Estados Unidos inició una revisión de los 53 consulados mexicanos en Estados Unidos, una medida que podría abrir la puerta al cierre de algunas oficinas diplomáticas y aumentar la tensión entre Washington y Ciudad de México.
Según reportó CBS News, citando a un funcionario estadounidense, la revisión forma parte de un esfuerzo más amplio para alinear la política exterior del país con las prioridades del Gobierno del presidente Donald Trump. Por ahora, no se ha anunciado el cierre de ningún consulado específico. Sin embargo, la evaluación podría llevar al secretario de Estado, Marco Rubio, a considerar esa posibilidad.
La medida llega en un momento delicado para la relación bilateral. En las últimas semanas, ambos países han enfrentado nuevos roces por temas de seguridad, cooperación contra el narcotráfico y presencia de funcionarios estadounidenses en territorio mexicano.
Qué implicaría revisar los consulados mexicanos en Estados Unidos
México cuenta con su red consular extranjera más grande en Estados Unidos. Sus 53 oficinas atienden a millones de ciudadanos mexicanos y personas de origen mexicano que viven en el país.
Estos consulados ofrecen servicios de documentación, protección consular, orientación legal y apoyo en casos migratorios o de emergencia. También cumplen un papel importante para trabajadores, familias y comunidades mexicanas en estados con alta población latina, incluidos Nueva York y Nueva Jersey.
Por eso, cualquier cierre tendría consecuencias prácticas. Menos oficinas podrían significar más distancia para hacer trámites, mayores tiempos de espera y menos acceso a asistencia directa. Para muchas familias, el consulado no es solo una oficina diplomática. Es el lugar al que acuden cuando necesitan renovar documentos, pedir orientación o resolver una crisis.
Tensión por Sinaloa y cooperación de seguridad
La revisión se produce después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunciara cargos contra diez funcionarios actuales y anteriores de Sinaloa, incluido el gobernador Rubén Rocha Moya. Según las autoridades estadounidenses, los acusados habrían colaborado con el Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
Rocha Moya ha negado las acusaciones, mientras el caso sigue bajo observación en México y Estados Unidos. El señalamiento representa un golpe fuerte para la relación bilateral, especialmente porque involucra a un gobernador en funciones y a otros funcionarios estatales.
A esto se suma otro episodio sensible. Dos funcionarios estadounidenses, reportados por varios medios como vinculados a la CIA, murieron recientemente en un accidente en Chihuahua tras una operación relacionada con laboratorios de droga. El Gobierno de Claudia Sheinbaum dijo que esos agentes no estaban autorizados para operar en territorio mexicano, lo que abrió preguntas sobre soberanía y coordinación bilateral.
Una relación bajo presión
La posible revisión de consulados no ocurre en el vacío. Forma parte de una relación cada vez más presionada por el combate al narcotráfico, la migración, la seguridad fronteriza y la política interna de ambos países.
Para el Gobierno de Trump, la política hacia México se ha endurecido bajo el argumento de combatir con más fuerza a los cárteles. Para México, en cambio, el punto central es mantener la cooperación sin permitir acciones unilaterales que violen su soberanía.
En ese contexto, los consulados mexicanos en Estados Unidos tienen un valor que va más allá de los trámites. Funcionan como una red de apoyo para una comunidad enorme. De acuerdo con estimaciones citadas por Pew Research Center, decenas de millones de personas de origen mexicano viven en Estados Unidos.
Por ahora, la revisión está en curso y no hay cierres confirmados. Pero el simple hecho de evaluar esas oficinas ya envía una señal política. También deja en alerta a comunidades mexicanas y latinas que dependen de esos servicios.
La clave será observar si la medida queda como una revisión administrativa o si se convierte en una decisión diplomática de mayor alcance. En cualquiera de los dos casos, el mensaje es claro: la relación entre Estados Unidos y México atraviesa una etapa especialmente tensa.