Hay preparaciones que nacen de la necesidad y terminan siendo parte del repertorio clásico. La polenta es una de ellas. En el norte de Italia, se ha servido de muchas formas, pero cuando se enfría y se transforma en bastones dorados, cambia completamente su carácter.
Los bastones de polenta no buscan sofisticación. Funcionan por contraste. El exterior se vuelve crujiente, mientras el interior mantiene una textura suave y firme. Es una forma distinta de servir algo sencillo, con resultados mucho más interesantes.
Para hacerlos en casa, lo importante es preparar bien la base y darle tiempo para asentarse.
Ingredientes
- 1 taza de harina de maíz para polenta
- 4 tazas de agua o caldo
- 1 cucharadita de sal
- 2 cucharadas de mantequilla
- 1/4 taza de queso parmesano rallado opcional
- Aceite para freír o para hornear
Preparación
Primero, lleva el agua o caldo a ebullición con la sal. Luego, añade la harina de maíz poco a poco, sin dejar de remover para evitar grumos.
Cocina a fuego bajo, removiendo constantemente, hasta que la polenta espese y tenga una textura cremosa.
Después, incorpora la mantequilla y el queso parmesano si decides usarlo. Mezcla bien hasta integrar.
A continuación, vierte la polenta en un molde rectangular y extiéndela en una capa uniforme. Deja enfriar completamente hasta que esté firme.
Luego, desmolda y corta en forma de bastones.
Para terminarlos, puedes freírlos en aceite caliente hasta que estén dorados o llevarlos al horno a 200°C hasta que se vuelvan crujientes por fuera.
Consejos útiles
- Deja enfriar bien la polenta antes de cortar. Si no, no mantendrá la forma.
- El grosor de los bastones influye en la textura final. Más gruesos, más suaves por dentro.
- Puedes hornearlos si buscas una versión más ligera.
- Sirve con una salsa sencilla, pero no los cubras. El crujiente es parte clave.
Recién hechos, los bastones de polenta tienen una textura que cambia con cada bocado. Crujen al inicio, pero ceden rápido hacia un interior suave. No necesitan mucho más para funcionar, solo calor, tiempo y un buen punto de cocción.