Kearny, un pequeño pueblo minero de Arizona, teme quedarse sin agua suficiente para sobrevivir. La sequía en Arizona ha reducido de forma drástica el caudal del río Gila, una de sus fuentes principales. Por eso, las autoridades locales advierten que la comunidad podría enfrentar una crisis sin precedentes este verano.
“Podríamos ser el primer poblado en desaparecer en los Estados Unidos debido al cambio climático y la falta de agua”, dijo a EFE el alcalde Curtis Stacey. Su advertencia refleja la angustia de una población de unos 2.000 habitantes.
Durante años, Kearny dependió del río Gila para cubrir sus necesidades básicas. Sin embargo, el pueblo ha perdido cerca del 85 % del agua que recibe anualmente de esa fuente. El río nace en el lago de San Carlos y abastece a varias comunidades de la región.
Además, Arizona ha sufrido una de las peores sequías de su historia reciente. Los inviernos con poca nieve han reducido los caudales que alimentan el desierto del suroeste del país.
La sequía en Arizona golpea a Kearny
Kearny necesita al menos 345.000 metros cúbicos de agua al año para operar. Antes recibía cerca de 740.000 metros cúbicos. Ahora, según las autoridades locales, apenas cuenta con unos 95.000.
Ante ese panorama, el Concejo declaró el estado de emergencia. También ordenó a los residentes limitar el uso del agua a lo indispensable. La prioridad, por ahora, es reservarla para beber y cocinar.
Las restricciones incluyen suspender el riego de jardines. También se pidió evitar el lavado de vehículos, reducir los baños diarios y lavar ropa con menos frecuencia.
Aunque las medidas son duras, las autoridades sostienen que son necesarias. El objetivo es estirar las reservas mientras llega una posible temporada de lluvias.
Una crisis que afecta a más comunidades
El problema no termina en Kearny. Los bajos niveles del río Gila también golpean a otras poblaciones del norte de Arizona y de Nuevo México.
“Cada vez estamos viendo a más poblaciones siendo afectadas por la falta de agua”, dijo a EFE Cary Meister, representante del Sierra Club en Arizona. Según advirtió, la situación podría volverse catastrófica si no se actúa pronto.
Por otra parte, el río Colorado también enfrenta una presión histórica. Siete estados del suroeste dependen de sus aguas, incluyendo Arizona, California y Nevada.
Estos tres estados, que pertenecen a la cuenca baja del río Colorado, aprobaron un plan para ahorrar cuatro billones de litros de agua hasta 2028. Sin embargo, aún no detallaron todas las medidas.
El río Colorado sigue bajo presión
El acuerdo busca estabilizar un sistema vital para unos 40 millones de personas. Entre las posibles acciones figuran mejoras de infraestructura y reducciones en el uso del agua.
Aun así, las negociaciones siguen siendo tensas. Los estados de la cuenca alta, Colorado, Nuevo México, Utah y Wyoming, también participan en la búsqueda de una solución.
La agricultura es uno de los puntos centrales del debate. Es uno de los sectores que más agua consume en la región.
Mientras tanto, los principales embalses muestran señales alarmantes. El lago Powell se encuentra al 24 % de su capacidad. El lago Mead, cerca de Las Vegas, está al 31 %.
Kearny espera ayuda y lluvia
Las comunidades afectadas esperan un plan federal que involucre a los siete estados. La meta inicial es garantizar el flujo de agua necesario para producir electricidad.
La administración del presidente Donald Trump aprobó una medida de emergencia para enviar más agua al lago Powell. Sin embargo, esa decisión dejaría con menos agua al lago Mead.
Para Meister, esa respuesta no resuelve el problema de fondo. “Esta decisión es solo una curita”, afirmó a EFE. Según explicó, mover agua de un embalse a otro no enfrenta la crisis a largo plazo.
En Kearny, la incertidumbre ya forma parte de la vida diaria. Sus residentes dependen de restricciones, planes de emergencia y una esperanza concreta: que la lluvia llegue a tiempo.
Por ahora, el pueblo resiste. Pero su caso muestra una realidad cada vez más difícil de ignorar en el suroeste de Estados Unidos. La falta de agua ya no es una amenaza lejana. Para Kearny, es una emergencia presente.