En 1913, tras dejar la presidencia, la expedición de Roosevelt al Río de la Duda se convirtió en una de las aventuras más arriesgadas emprendidas por un mandatario estadounidense. Theodore Roosevelt, acostumbrado a los desafíos físicos y a una vida marcada por el riesgo, aceptó acompañar al explorador brasileño Cándido Rondon para cartografiar un tramo desconocido del Amazonas. Aquel río, misterioso e indómito, era conocido entonces como el Río de la Duda.
Roosevelt se adentró en la selva acompañado de científicos, militares y cargadores indígenas. Su embarcación principal, una canoa tallada de un solo tronco, era la más resistente del grupo. Aun así, el caudal del Amazonas imponía sus propias reglas. La fuerza del agua destruyó varias embarcaciones y obligó a la expedición a construir otras nuevas en plena selva, con herramientas improvisadas y recursos mínimos. Al final, solo cuatro canoas lograron sobrevivir al viaje.
La expedición de Roosevelt al Río de la Duda enfrentó desafíos continuos: rápidos violentos, cascadas inesperadas, animales peligrosos y una selva tan densa que avanzaban apenas unos kilómetros por día. Además, la escasez de comida generó tensiones dentro del grupo y abrió grietas en la moral de los expedicionarios. Para Roosevelt, el peligro no era abstracto: lo acompañaba a cada paso.
En medio del viaje, Roosevelt contrajo malaria. Poco después, sufrió una infección grave en una herida de su pierna, lo que lo acercó peligrosamente a la muerte. Según relatos de la expedición, llegó a pensar en sacrificarse para no retrasar al grupo. Su hijo Kermit, también presente, insistió en seguir adelante y logró mantenerlo con vida. Fue una etapa que reveló no solo la fragilidad humana frente a la selva, sino también la determinación feroz del exmandatario.
Cuando finalmente alcanzaron el final del trayecto, el equipo había perdido peso, recursos y fuerzas, pero había ganado un descubrimiento histórico. El río fue rebautizado como Río Roosevelt en honor al hombre que había desafiado su furia. La expedición de Roosevelt al Río de la Duda se convirtió en un capítulo insólito de valentía y resistencia, una combinación de ciencia, aventura y sufrimiento que todavía sorprende a historiadores y exploradores.
Hoy, este episodio sigue siendo una de las hazañas más dramáticas de la exploración amazónica. Una prueba de que incluso un expresidente puede encontrarse al borde de la muerte cuando decide enfrentar a un río que no perdona errores.










