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Mundial 2026 reabre el debate: ¿más selecciones significan mejor fútbol?

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Fotografía que muestra el estadio AT&T que recibirá varios partidos del Mundial FIFA 2026 este jueves, en Dallas (EE.UU.). EFE/Carlos Ramírez

El Mundial 2026 llega con una pregunta incómoda para la FIFA y para los aficionados: ¿más selecciones significan mejor fútbol?

La próxima Copa del Mundo será la más grande de la historia. Tendrá 48 equipos y 104 partidos, una expansión que busca abrir el torneo a más países y aumentar su alcance global. Sin embargo, el nuevo formato también despierta nostalgia por una etapa que muchos recuerdan como una de las más competitivas del certamen: los Mundiales de 24 selecciones.

Entre España 1982 y Estados Unidos 1994, la Copa del Mundo encontró un equilibrio particular. Había más espacio que en las viejas ediciones de 16 equipos, pero sin perder del todo la sensación de exigencia. Durante cuatro torneos, 24 países disputaron 52 partidos por edición.

En España 1982, Italia volvió a la cima después de 44 años sin levantar el trofeo. Paolo Rossi fue la figura y terminó como máximo goleador con seis tantos. Aquel torneo también dejó duelos de enorme intensidad, como la segunda fase con Brasil, Argentina e Italia.

México 1986 consolidó el formato de eliminación directa desde octavos de final. Fue el Mundial de Diego Armando Maradona, pero también una competencia goleadora muy cerrada. Gary Lineker ganó la Bota de Oro con seis goles, apenas uno más que Maradona, Careca y Emilio Butragueño.

Italia 1990 mostró la versión más táctica de esa era. Alemania fue campeona y Salvatore Schillaci lideró la tabla de goleadores con seis tantos. Fue un torneo de márgenes mínimos, donde cada error pesaba como una sentencia.

Estados Unidos 1994 cerró el ciclo de 24 selecciones con una marca que todavía impresiona. Aunque tuvo solo 52 partidos, registró la mayor asistencia total en la historia de los Mundiales: 3.587.538 espectadores. Además, su promedio de 68.991 personas por encuentro sigue siendo récord.

Ese dato desafía una idea común: que más partidos siempre significan más éxito. En 1994, el torneo fue más corto que los Mundiales modernos, pero logró una eficiencia de taquilla que ninguna edición posterior superó.

También tuvo drama deportivo. Brasil ganó su cuarto título, mientras Hristo Stoichkov y Oleg Salenko compartieron la Bota de Oro con seis goles. Otra vez, el promedio de los goleadores se mantuvo estable, sin necesidad de un calendario más extenso.

Un elemento clave de aquella etapa fue la clasificación de los mejores terceros. Ese sistema daba vida a selecciones que parecían casi eliminadas. Argentina en 1990 e Italia en 1994 aprovecharon esa segunda oportunidad y terminaron llegando a la final.

El Mundial 2026 intentará recrear parte de ese suspenso, pero a una escala mucho mayor. Habrá más selecciones, más partidos y más mercados involucrados. Para la FIFA, la expansión representa inclusión y crecimiento. Para sus críticos, el riesgo es diluir la calidad y alargar demasiado el torneo.

La respuesta no llegará en los comunicados. Llegará en la cancha. Si el nuevo formato produce partidos intensos, sorpresas reales y una fase final memorable, la expansión tendrá argumentos. Si no, muchos volverán a mirar aquellos Mundiales de 24 equipos como una fórmula más compacta, más feroz y quizá más justa.

Porque en el fútbol, como en casi todo, más no siempre significa mejor. A veces significa solamente más.

El Especialito

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