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La risa humana guarda un ritmo de 15 millones de años compartido con los grandes simios

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Imagen de un chimpancé sonriendo. Crédito: Marina Davila-Ross/University of Warwick

La risa humana podría guardar una huella mucho más antigua de lo que imaginamos. Un nuevo estudio sugiere que la risa de los seres humanos y la de los grandes simios comparte un ritmo básico que se habría mantenido durante unos 15 millones de años, desde el último antepasado común de ambos grupos. El hallazgo ofrece una pista inesperada sobre la evolución del lenguaje y del control vocal.

La investigación, encabezada por la Universidad de Warwick, en Reino Unido, analizó grabaciones de orangutanes, bonobos, chimpancés y seres humanos en edades tempranas. Las vocalizaciones fueron registradas durante interacciones de juego y cosquillas con personas conocidas, en contextos controlados y naturales. El objetivo no fue estudiar si una risa sonaba más fuerte, aguda o expresiva, sino medir su estructura rítmica.

Los investigadores se centraron en los intervalos de tiempo entre ráfagas sucesivas de sonido. En todas las especies analizadas encontraron un patrón común: las risas se organizaban con pausas espaciadas de forma relativamente uniforme. Según el estudio, publicado en Communications Biology, esa estructura pudo estar presente ya en el antepasado común de humanos y grandes simios.

El dato es relevante porque todos los grandes simios vivos, incluidos chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes, tienen la capacidad de reír. Lo nuevo es que esa risa no solo existe, sino que conserva un ritmo compartido con los humanos. Para los investigadores, esto indica que ciertas bases del control vocal humano no aparecieron de golpe, sino que pudieron desarrollarse gradualmente a lo largo de millones de años.

La diferencia está en lo que ocurrió después. Aunque el ritmo básico se mantuvo, la risa humana se volvió más rápida, variable y flexible. Los seres humanos pueden modular cuándo, cómo y por qué se ríen según el contexto. No es lo mismo una risa provocada por cosquillas que una risa nerviosa, una risa cortés en una reunión o una carcajada contagiosa entre amigos.

Esa capacidad de ajustar la vocalización según la situación es una pieza importante para entender el camino hacia el lenguaje. El habla exige control sobre el momento, la duración y la intención de los sonidos. Por eso, estudiar la risa permite observar una forma antigua de comunicación que todavía conserva rasgos comunes entre humanos y otros grandes simios.

Los autores plantean que la evolución humana debe entenderse como parte de un continuo, no como una ruptura repentina con nuestros antepasados. La risa, en ese sentido, funciona como una pequeña cápsula evolutiva: un comportamiento cotidiano que revela cómo se fueron afinando las capacidades vocales que luego harían posible el lenguaje.

El estudio no afirma que los grandes simios hablen ni que su risa tenga la misma complejidad social que la humana. Lo que muestra es más preciso y, quizá, más interesante: compartimos con ellos una base rítmica antigua, una señal de que mucho antes de las palabras ya existía una forma de conexión sonora.

El Especialito

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