El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprobó este miércoles la imposición de un arancel del 25 % a una lista limitada de chips de inteligencia artificial, una medida que apunta directamente a determinados semiconductores extranjeros vinculados al desarrollo y comercialización de tecnologías avanzadas.
De acuerdo con un documento oficial de la Casa Blanca, el arancel a chips de IA se aplicará específicamente a semiconductores fabricados por compañías como Nvidia y AMD que ingresen al país y luego sean reexportados a terceros mercados, entre ellos China. Esta estructura permitirá al Gobierno estadounidense obtener ingresos por la comercialización internacional de estos productos tecnológicos.
La tarifa entrará en vigor este jueves y resulta más moderada de lo que el propio Trump había sugerido en meses anteriores, cuando dejó abierta la posibilidad de imponer gravámenes amplios a toda la industria de los semiconductores. No obstante, la Administración ya había iniciado el año pasado una investigación orientada a fortalecer la producción nacional de chips y reducir la dependencia del extranjero.
Arancel chips IA sin impacto directo en consumo interno
La Casa Blanca precisó que la medida no afectará a los semiconductores importados para su uso dentro de Estados Unidos, incluidos aquellos destinados a centros de datos, productos de consumo, industrias estratégicas o agencias gubernamentales. Con ello, la Administración busca evitar efectos negativos sobre el desarrollo tecnológico interno y el crecimiento económico.
Aun así, el Gobierno advirtió que el presidente podría anunciar en el corto plazo aranceles más amplios sobre semiconductores u otros productos que incorporen chips de inteligencia artificial, dependiendo de la evolución del comercio internacional y de los intereses estratégicos del país.
Además, el documento señala que se evalúa un posible programa de alivio arancelario para las empresas que fabriquen semiconductores dentro de Estados Unidos, como parte de una estrategia más amplia para incentivar la producción nacional y reforzar la competitividad tecnológica frente a otros mercados globales.
La decisión se enmarca en una política comercial que combina presión arancelaria selectiva con incentivos internos, en un contexto de creciente competencia internacional por el liderazgo en inteligencia artificial y tecnologías de próxima generación.










