Durante siglos, el interior de la Tierra ha sido uno de los mayores misterios de la ciencia. Ahora, una nueva hipótesis plantea una idea tan sorprendente como reveladora: el núcleo terrestre y el hidrógeno podrían estar íntimamente relacionados. Algunos científicos sostienen que el centro del planeta podría funcionar como el mayor depósito de hidrógeno que existe en la Tierra.
El hidrógeno es el elemento más abundante del universo, pero en nuestro planeta es difícil de encontrar en estado libre. Generalmente está combinado con otros elementos, como en el agua o en compuestos minerales. Sin embargo, estudios recientes sugieren que enormes cantidades de hidrógeno pudieron quedar atrapadas en el núcleo terrestre durante la formación del planeta, hace más de 4.500 millones de años.
El núcleo de la Tierra está compuesto principalmente de hierro y níquel, y se divide en un núcleo interno sólido y uno externo líquido. Bajo presiones y temperaturas extremas, el hidrógeno puede disolverse en el hierro, integrándose a su estructura atómica. Según modelos experimentales y simulaciones de laboratorio, este proceso habría permitido que grandes volúmenes de hidrógeno quedaran almacenados en las profundidades del planeta.
La relación entre el núcleo terrestre y el hidrógeno podría ayudar a explicar varios enigmas geológicos. Uno de ellos es la densidad del núcleo, que resulta ligeramente menor de lo que se esperaría si estuviera formado solo por hierro y níquel. La presencia de elementos ligeros, como el hidrógeno, podría resolver esa discrepancia.
Además, esta hipótesis tiene implicaciones profundas para la historia del agua en la Tierra. Parte del hidrógeno almacenado en el núcleo podría haber migrado lentamente hacia el manto a lo largo de millones de años, contribuyendo a la formación de océanos y a la actividad volcánica. Esto refuerza la idea de que el agua terrestre no llegó únicamente por asteroides o cometas, sino que también podría tener un origen interno.
El estudio del núcleo terrestre y el hidrógeno es complejo, ya que no es posible acceder directamente a esas profundidades. Los científicos dependen de experimentos de alta presión, análisis sísmicos y modelos computacionales para reconstruir lo que ocurre a miles de kilómetros bajo nuestros pies. Cada avance ofrece una nueva pieza del rompecabezas.
Si esta teoría se confirma, cambiaría la forma en que entendemos la composición y evolución de la Tierra. El núcleo dejaría de ser solo una masa metálica generadora del campo magnético y pasaría a considerarse un reservorio químico clave para la historia del planeta.
Lejos de ser un mundo estático, el interior terrestre podría esconder procesos y materiales fundamentales para la vida en la superficie. Y en ese silencio extremo, el hidrógeno podría haber estado allí todo el tiempo, esperando a ser descubierto.










