Hoy damos por sentado que un segundo es una unidad fija, exacta y universal. Sin embargo, la medida del segundo es una invención relativamente reciente en la historia humana. Durante miles de años, las personas vivieron sin una forma precisa de dividir el tiempo en fracciones tan pequeñas.
En las civilizaciones antiguas, el tiempo se medía observando el cielo. Los egipcios y babilonios dividían el día según la salida y puesta del sol, usando relojes solares y de agua. El día se fraccionaba en horas, pero estas no tenían una duración constante. En verano, las horas diurnas eran más largas que en invierno. En ese contexto, la medida del segundo simplemente no era necesaria.
La primera aproximación al segundo apareció en la antigua Mesopotamia. Los babilonios utilizaban un sistema numérico basado en el 60, que aún influye en cómo medimos el tiempo. Dividieron la hora en 60 minutos y el minuto en 60 partes más pequeñas. Estas divisiones eran matemáticas, no prácticas. No existían instrumentos capaces de medir esas fracciones con precisión real.
El concepto moderno del segundo comenzó a tomar forma en el siglo XVII con la invención de los relojes mecánicos precisos. Científicos como Galileo Galilei estudiaron el movimiento del péndulo y descubrieron que su oscilación era constante. Esto permitió medir intervalos de tiempo cortos de manera fiable. Por primera vez, la medida del segundo podía observarse y repetirse.
En 1967, la definición del segundo cambió para siempre. La ciencia dejó de depender de la rotación de la Tierra, que no es perfectamente regular. El segundo pasó a definirse como la duración de 9,192,631,770 oscilaciones de la radiación emitida por un átomo de cesio 133. Esta definición atómica convirtió al segundo en una unidad extremadamente precisa y estable.
Gracias a esta redefinición, hoy es posible sincronizar satélites, sistemas GPS, redes de telecomunicaciones y tecnologías digitales. Lo que comenzó como una abstracción matemática terminó convirtiéndose en una pieza esencial del mundo moderno.
La idea de que un segundo siempre existió es una ilusión. En realidad, la medida del segundo es el resultado de siglos de observación, experimentación y avances científicos que transformaron nuestra relación con el tiempo.










