El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, envió un mensaje diplomático a Donald Trump con un regalo cargado de simbolismo: la autobiografía de Morris Chang, fundador de TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo.
El gesto ocurre semanas después de que el mandatario estadounidense volviera a acusar a Taiwán de “robar” la industria de semiconductores de Estados Unidos, una crítica que ha repetido en varias ocasiones desde su regreso a la Casa Blanca.
Durante un acto por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, celebrado en Taipéi, Lai pidió al representante de facto de Washington en la isla, Raymond Greene, que hiciera llegar a Trump una copia de la obra de dos volúmenes escrita por Chang.
El líder taiwanés expresó su deseo de que el libro ayude a Estados Unidos a comprender mejor el desarrollo de la industria de semiconductores en Taiwán.
TSMC, clave en la economía tecnológica
TSMC ocupa un lugar central en la economía global. La compañía domina la fabricación de chips avanzados, especialmente los utilizados en inteligencia artificial, teléfonos inteligentes, computación de alto rendimiento y otras tecnologías estratégicas.
La empresa también ha comprometido inversiones por 165.000 millones de dólares en Arizona, donde planea operar seis fábricas, dos instalaciones de empaquetado y un centro de investigación y desarrollo.
Ese plan forma parte de una estrategia más amplia para reforzar la producción de semiconductores en Estados Unidos. Sin embargo, las críticas de Trump han tensado el tono entre Washington y Taipéi, a pesar de que ambos mantienen una relación estrecha en materia tecnológica y de seguridad.
Trump y la presión sobre Taiwán
Las declaraciones de Trump llegaron después de su visita a China, donde se reunió con el presidente Xi Jinping.
Tras ese encuentro, el mandatario estadounidense no solo volvió a cuestionar a Taiwán por la industria de chips. También afirmó que la venta de armas a la isla era una “muy buena ficha negociadora” para Washington.
Además, dijo que no quería librar una guerra con Pekín por Taiwán y sugirió que Xi podría intentar “apoderarse” de la isla una vez que él deje la Casa Blanca.
Esas palabras generaron inquietud en Taipéi, donde cualquier señal de ambigüedad estadounidense es observada con atención por sus implicaciones militares y diplomáticas.
Lai defiende el statu quo
Durante su intervención, Lai subrayó que Taiwán y Estados Unidos comparten valores democráticos, pese a estar separados por el océano Pacífico.
El presidente taiwanés pidió profundizar la relación bilateral sobre la base de la Ley de Relaciones con Taiwán y las llamadas seis garantías, pilares de la política estadounidense hacia la isla.
También advirtió que Taiwán no permitirá que ninguna fuerza altere el statu quo en el estrecho mediante el uso de la fuerza o la coerción, en clara referencia a China.
Pekín considera a Taiwán parte de su territorio, aunque la isla se gobierna de forma autónoma desde 1949. En los últimos años, China ha aumentado su presión militar sobre Taipéi con maniobras, incursiones aéreas y advertencias políticas.
Una relación sin reconocimiento formal, pero estratégica
Estados Unidos no mantiene relaciones diplomáticas oficiales con Taiwán, pero conserva vínculos no oficiales muy estrechos.
Washington es el principal proveedor de armamento de la isla y sus empresas colaboran de forma cercana con fabricantes taiwaneses para desarrollar productos tecnológicos.
Ese equilibrio es delicado. Taiwán necesita el respaldo estadounidense para su seguridad, mientras Estados Unidos depende en gran medida de la capacidad tecnológica taiwanesa en semiconductores.
El regalo de Lai a Trump no resuelve las tensiones, pero funciona como una respuesta calculada. En lugar de confrontar directamente, Taiwán intenta explicar su historia industrial y recordar que TSMC no surgió por casualidad ni por robo, sino por décadas de inversión, estrategia y desarrollo tecnológico.
En una disputa donde los chips son economía, seguridad y poder geopolítico, hasta un libro puede convertirse en mensaje político.