Un agente del Servicio Secreto que formaba parte del equipo de seguridad del vicepresidente JD Vance fue suspendido de empleo mientras se investiga si filtró a la prensa información sobre sus viajes, según reveló CNN.
La investigación está a cargo del departamento de asuntos internos del Servicio Secreto. Por ahora, no está claro si el agente enfrentará solo una sanción administrativa o si el caso podría derivar en cargos penales. Medios estadounidenses reportaron que el agente fue puesto en licencia administrativa mientras avanza la revisión interna.
La filtración habría estado vinculada a un artículo de MS Now sobre el malestar dentro del equipo de seguridad de Vance por la cantidad de encargos relacionados con viajes personales del vicepresidente y su familia.
Una filtración que encendió alarmas
El artículo citaba fuentes del Servicio Secreto que consideraban inapropiadas algunas asignaciones. Entre ellas, el supuesto traslado del hijo pequeño de la pareja vicepresidencial a una clase de golf en un helicóptero militar.
La publicación llamó la atención del Servicio Secreto, el FBI y altos cargos de la Casa Blanca, según CNN. El foco de la investigación no estaría solo en el contenido de la filtración, sino en la posible exposición de información sensible sobre operativos de seguridad y movimientos del vicepresidente.
Ese punto es clave. Las filtraciones sobre viajes de altos funcionarios pueden representar un riesgo directo si revelan rutas, horarios, protocolos o detalles del equipo de protección.
La oficina de Vance no ha dado mayores detalles sobre la investigación, aunque reportes estadounidenses señalan que el caso generó preocupación dentro de las agencias encargadas de proteger a la cúpula del Gobierno.
La Casa Blanca endurece su postura
La investigación ocurre en medio de una campaña más amplia de la administración de Donald Trump para frenar filtraciones de información a la prensa en distintas agencias federales.
El Pentágono ha sido uno de los focos principales. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, creó un grupo de trabajo para perseguir judicialmente a quienes filtren información sensible, especialmente en asuntos de seguridad nacional.
La tensión con la prensa también ha aumentado. A principios de mes, cuatro reporteros de The New York Times fueron llamados a testificar ante un gran jurado federal por una investigación relacionada con sus reportajes sobre el avión presidencial que Catar regaló a Trump, una medida criticada por organizaciones periodísticas.
Seguridad, prensa y poder político
El caso del agente del Servicio Secreto vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta delicada: dónde termina el interés público y dónde empieza el riesgo operativo.
Por un lado, las filtraciones pueden revelar abusos, excesos o decisiones cuestionables dentro del Gobierno. Por otro, cuando involucran detalles de protección de altos funcionarios, pueden comprometer la seguridad de personas y agentes.
En este caso, la investigación deberá determinar si el agente compartió información reservada y si esa información puso en riesgo algún operativo. También deberá aclarar si se trató de una falta administrativa o de una conducta con posibles consecuencias penales.
Para el Servicio Secreto, el episodio representa un golpe interno. La agencia depende de la confianza absoluta entre sus agentes, sus protegidos y otras instituciones de seguridad.
Para la Casa Blanca, el caso alimenta una prioridad política más amplia: cerrar el paso a filtraciones en un momento de fuerte tensión con los medios y dentro del propio Gobierno.