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Los terremotos ya cambiaban la vida humana hace 30,000 años, según un estudio

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Un sismógrafo es un instrumento que sirve para registrar los terremotos.© Aditya Riski Aziz | Dreamstime.com

Los terremotos en la prehistoria no solo cambiaban el paisaje. También pudieron modificar la manera en que vivían, se movían y se organizaban los seres humanos mucho antes de la aparición de las primeras ciudades. Un estudio internacional realizado en el yacimiento de Vale Boi, en el suroeste de Portugal, sugiere que grupos de cazadores recolectores ya desarrollaban estrategias para convivir con terremotos en la prehistoria hace entre 30,000 y 24,000 años.

La investigación, publicada en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, analizó un asentamiento del Paleolítico superior que habría estado expuesto a una fuerte actividad sísmica. Según el estudio, los investigadores identificaron fallas y desprendimientos de rocas probablemente causados por terremotos de magnitud igual o superior a 5.7 Mw.

Para reconstruir ese escenario, el equipo combinó información arqueológica, geológica y cronológica con técnicas como la tomografía de resistividad eléctrica, una herramienta que permite estudiar estructuras bajo la superficie. Los resultados apuntan a que los terremotos alteraron repetidamente el entorno ocupado por estas comunidades.

Lo más llamativo no es solo la evidencia de actividad sísmica, sino la respuesta humana. Los pobladores de Vale Boi no abandonaron definitivamente el lugar. En algunos periodos redujeron el tiempo de ocupación o se marcharon temporalmente, pero regresaron. En otros momentos reorganizaron el uso del espacio para disminuir la exposición a desprendimientos de roca.

El estudio también señala cambios en la alimentación durante etapas de mayor inestabilidad. Los grupos habrían aumentado el uso de recursos marinos y costeros, una estrategia que pudo ayudarles a diversificar sus fuentes de comida cuando el ambiente terrestre era más incierto. Esa adaptación resulta aún más notable porque los periodos de actividad sísmica coincidieron con episodios climáticos difíciles, incluido un enfriamiento severo conocido como Heinrich Event 2.

Los investigadores plantean que las redes sociales también fueron importantes. En sociedades sin edificios permanentes ni sistemas modernos de emergencia, moverse, mantener contactos con otros grupos y cambiar la forma de ocupar el territorio podía marcar la diferencia entre sobrevivir o quedar atrapados en un entorno peligroso.

Los terremotos en la prehistoria suelen imaginarse como desastres sin registro, porque no había escritura ni ciudades que dejaran crónicas visibles. Pero Vale Boi muestra que las huellas están en el suelo, en las rocas y en los restos de antiguas ocupaciones humanas. La idea resulta poderosa: incluso hace 30,000 años, nuestros antepasados no solo sufrían los cambios de la Tierra. También aprendían a leerlos y a vivir alrededor de ellos.

El Especialito

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