Cuarenta años después del desastre de Chernóbil, la percepción de la energía nuclear ha cambiado de forma radical. Lo que durante décadas fue visto como un riesgo difícil de gestionar, hoy vuelve a posicionarse como una opción clave ante la incertidumbre energética global.
De rechazo a alternativa estratégica
Tras el accidente de 1986, la energía nuclear quedó marcada por el miedo y el rechazo social. Sin embargo, en los últimos años, especialmente en Occidente, ha comenzado a ser considerada nuevamente como una fuente fiable y estable.
La Unión Europea dio un paso significativo en 2022 al incluirla en su Taxonomía Verde, una decisión que generó críticas entre organizaciones ecologistas, pero que reflejó el cambio de enfoque ante la necesidad de asegurar el suministro energético.
El impacto de las guerras
El giro en la percepción no es casual. Los conflictos recientes, como la guerra entre Rusia y Ucrania y las tensiones en Oriente Medio, han disparado los precios de la energía y evidenciado la fragilidad de los sistemas dependientes de combustibles fósiles o fuentes intermitentes.
Este contexto ha llevado incluso a figuras que antes rechazaban la nuclear a reconsiderar su postura. En Europa, se debate no solo la prolongación de las centrales existentes, sino también la construcción de nuevas instalaciones.
Producción global y presencia limitada en América Latina
Según la Organización Internacional de la Energía Atómica, Estados Unidos, China y Francia concentraron el 60% de la producción nuclear en 2024.
A nivel mundial, una treintena de países operan más de 400 reactores, mientras que otros continúan ampliando su capacidad.
En América Latina, la presencia es reducida: Argentina, Brasil y México son los únicos países con centrales activas. En España, la energía nuclear representa aproximadamente el 20% de la generación eléctrica.
El debate en Europa
España mantiene un plan de cierre progresivo de sus centrales entre 2027 y 2035, con el objetivo de sustituirlas por energías renovables.
Sin embargo, la inestabilidad actual ha reabierto el debate. Algunas empresas eléctricas han solicitado extender la vida útil de las plantas para evitar incrementos significativos en el precio de la electricidad.
Un informe reciente advierte que el cierre de ciertas centrales podría elevar los costos energéticos y aumentar las emisiones contaminantes.
El caso de Alemania
Alemania completó en 2023 el cierre de sus últimas centrales nucleares, una decisión tomada tras el accidente de Fukushima en 2011.
No obstante, el nuevo contexto energético ha generado dudas sobre esa estrategia. Autoridades actuales han reconocido que el abandono de la energía nuclear pudo haber sido un error, especialmente por su impacto en la asequibilidad de la electricidad.
Una tecnología entre dos caras
La energía nuclear sigue marcada por una dualidad histórica. Desde el discurso “Átomos para la paz” en 1953, que promovía su uso civil, hasta el temor constante por su potencial militar, su desarrollo ha estado rodeado de contradicciones.
El riesgo de proliferación nuclear y el recuerdo de tragedias pasadas conviven con la necesidad actual de fuentes de energía estables y bajas en emisiones.
Cuatro décadas después de Chernóbil, la pregunta ya no es solo si la energía nuclear es peligrosa, sino si el mundo puede permitirse prescindir de ella en medio de una crisis energética global.