El Negroni no busca agradar de inmediato. Se construye sobre el amargor, el alcohol bien integrado y una proporción que no admite descuidos. Nació en Italia a principios del siglo XX y se mantuvo intacto por una razón simple. Funciona. Tres ingredientes en partes iguales que se sostienen entre sí sin que ninguno intente imponerse.
Este cóctel se sirve antes de la comida, cuando el paladar está atento y el ritmo todavía es lento. No se agita, no se decora en exceso y no se adapta a modas pasajeras. Se arma en el vaso, con hielo sólido y una rodaja de naranja que aporta aroma, no dulzor.
Ingredientes
- 30 ml de ginebra
- 30 ml de vermut rojo
- 30 ml de Campari
- Hielo en cubos grandes
- Rodaja o piel de naranja
Preparación
- Llena un vaso corto con hielo hasta arriba.
- Añade la ginebra, el vermut rojo y el Campari en partes iguales.
- Remueve suavemente con una cuchara durante unos segundos para integrar y enfriar.
- Añade la rodaja o piel de naranja y sirve de inmediato.
Consejos útiles
- Usa hielo grande y firme. El Negroni no debe diluirse rápido.
- No cambies las proporciones. El equilibrio es el corazón del cóctel.
- Un vermut de buena calidad marca la diferencia tanto como la ginebra.
- Si resulta demasiado intenso al principio, dale tiempo. Es un trago que se aprende sorbo a sorbo.
El Negroni se bebe despacio y con atención. No refresca ni endulza, prepara. Abre el apetito y ordena el paladar. Es un cóctel que no necesita explicación larga ni presentación elaborada. Está hecho para quien entiende que el carácter también es un sabor.










