El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este martes en la Casa Blanca al primer ministro de Irak, Ali al Zaidi, en medio de una fuerte escalada militar con Irán y de la presión de Washington para que Bagdad desarme a las milicias respaldadas por Teherán.
El encuentro en el Despacho Oval marcó el primer viaje al extranjero de Al Zaidi desde que asumió el cargo hace dos meses. El dirigente iraquí, un empresario sin experiencia política previa, llegó a Washington en un momento delicado para su país, atrapado entre la influencia estadounidense y la iraní. AP reportó que Trump respaldó políticamente a Al Zaidi y que la agenda de la visita incluyó seguridad, milicias proiraníes e inversiones energéticas.
Trump elogia a Al Zaidi
Ante la prensa, Trump describió al primer ministro iraquí como “un gran líder” y dijo que ambos tienen una “tremenda química”. También vaticinó que Al Zaidi permanecerá “mucho tiempo” en el cargo.
El mensaje público buscó mostrar respaldo a un Gobierno que Washington considera clave para reducir la influencia de Irán en Irak. Esa influencia ha marcado la política iraquí desde la invasión estadounidense de 2003 y la caída de Sadam Husein.
La visita también tiene un componente económico. Según AP, ambos gobiernos abordaron posibles acuerdos de inversión, incluida una operación energética vinculada a infraestructura petrolera regional.
La presión por las milicias
El punto más sensible sigue siendo el desarme de las milicias respaldadas por Irán. Washington acusa a esos grupos de amenazar intereses estadounidenses en la región, especialmente desde el inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica.
El Gobierno de Al Zaidi fijó el 30 de septiembre como fecha límite para que esas milicias entreguen sus armas al Estado. Esa fecha coincide con el final previsto de la misión de la coalición militar liderada por Estados Unidos en Irak contra el grupo terrorista Estado Islámico.
Ante Trump, el primer ministro iraquí sostuvo que las fuerzas de seguridad de Irak están listas para proteger las fronteras del país después de esa fecha. La afirmación intenta enviar una señal doble: a Washington, de que Bagdad puede asumir más control; y a los actores internos, de que el Estado busca recuperar autoridad.
Irak entre Washington y Teherán
La reunión ocurre mientras Estados Unidos e Irán intercambian ataques y amenazas en el Golfo Pérsico. Trump anunció el restablecimiento del bloqueo naval contra buques iraníes y dijo que Estados Unidos asumirá el papel de “guardián” del estrecho de Ormuz.
Para Irak, esa escalada es especialmente peligrosa. El país mantiene vínculos políticos, religiosos y económicos con Irán, pero también depende de la cooperación militar y económica con Estados Unidos.
El equilibrio es frágil. Si Bagdad avanza contra las milicias, puede enfrentar resistencia interna. Si no lo hace, corre el riesgo de aumentar la presión de Washington.
Un Gobierno bajo prueba
Al Zaidi llegó al poder tras una etapa de tensiones políticas. A principios de año, sectores chiíes aliados de Irán habían impulsado el regreso del ex primer ministro Nuri al Maliki, una opción rechazada por la Administración Trump por su cercanía con Teherán.
Finalmente, Al Zaidi asumió con respaldo de una mayoría parlamentaria integrada por fuerzas chiíes y kurdas. Su margen de maniobra, sin embargo, sigue siendo limitado.
La visita a la Casa Blanca busca abrir una nueva etapa en la relación entre Irak y Estados Unidos. Pero el desafío real estará en Bagdad. Al Zaidi deberá demostrar que puede controlar a los grupos armados, sostener la estabilidad interna y evitar que Irak vuelva a quedar convertido en campo de batalla de una guerra regional.