El riesgo cardiovascular en adultos con obesidad mayores de 40 años podría estar cambiando en países de altos ingresos. Un estudio observacional publicado en The Lancet encontró que la presión arterial y los niveles de colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”, son cada vez más parecidos entre personas con obesidad y personas con un índice de masa corporal normal.
El hallazgo marca una diferencia importante frente a lo que se observaba hace tres décadas. En los años 90, los adultos con obesidad solían presentar niveles más altos de presión arterial y colesterol no saludable que quienes tenían un IMC normal. Sin embargo, los datos más recientes muestran que esa brecha se ha reducido en varios países.
El estudio analizó información de casi un millón de participantes entre 1990 y 2024, procedentes de 110 conjuntos de datos del Reino Unido, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Tailandia y Finlandia. Los investigadores observaron que, en adultos de 40 a 79 años, la presión arterial y el colesterol bajaron de forma más marcada entre personas con obesidad y sobrepeso que entre aquellas con IMC normal.
Una posible explicación es el mayor uso de medicamentos para controlar estos factores de riesgo, como estatinas para reducir el colesterol y tratamientos para la presión arterial. Según los autores, las personas con obesidad han tenido más probabilidades de recibir este tipo de medicamentos durante las últimas décadas, lo que podría haber contribuido a mejorar sus indicadores cardiovasculares.
Los resultados fueron especialmente visibles en adultos de 60 a 79 años. En el Reino Unido y Estados Unidos, algunos adultos mayores con obesidad, incluso con obesidad severa, presentaban cifras de presión arterial y colesterol similares o más bajas que las de adultos con IMC normal.
Aun así, el estudio no significa que la obesidad haya dejado de representar un problema de salud. El riesgo cardiovascular depende de muchos factores, como glucosa en sangre, inflamación, grasa visceral, actividad física, alimentación, sueño, antecedentes familiares y acceso a atención médica. Además, el trabajo se enfocó en zonas de altos ingresos, por lo que sus resultados no necesariamente aplican a todos los países.
Un punto de alerta está en los adultos menores de 40 años. En este grupo, la diferencia en presión arterial y colesterol entre personas con obesidad y aquellas con IMC normal se redujo poco o nada. Los investigadores señalan que el uso de medicamentos es menor en adultos jóvenes, lo que refuerza la importancia de detectar riesgos temprano.
El mensaje no es confiar únicamente en fármacos ni ignorar el peso. La prevención sigue siendo clave. Controlar la presión, revisar el colesterol, moverse más, mejorar la alimentación y acudir a chequeos médicos puede ayudar a reducir el riesgo cardiovascular antes de que aparezcan complicaciones.