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El estrés térmico aumenta en el mundo y expone a más personas a calor extremo

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Una turista toma una foto del río Guadalquivir en Córdoba, España, este lunes. EFE/ Rafa Alcaide

El calor extremo ya afecta a más regiones del planeta

El estrés térmico causado por el calor se ha intensificado en todo el mundo y ya no afecta solo a las zonas tradicionalmente más cálidas. Un nuevo estudio publicado en Nature Climate Change advierte que regiones como el Mediterráneo y América del Sur registran hasta 50 días adicionales al año con estrés térmico de fuerte a extremo en comparación con la década de 1970.

El estrés térmico se refiere a la carga de calor que soporta el cuerpo humano. No depende únicamente de la temperatura que marca el termómetro. También influyen la humedad, el viento y la radiación solar. Por eso, los científicos usan el Índice Climático Térmico Universal, conocido como UTCI, para medir cómo se siente realmente el ambiente para una persona.

La investigación, encabezada por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, analizó datos globales de estrés térmico humano entre 1950 y 2024. El resultado muestra una tendencia clara: las temperaturas percibidas han aumentado durante el día y también durante la noche.

Las noches se calientan más rápido

Uno de los hallazgos más preocupantes es el aumento del calor nocturno. Según el estudio, las diez noches más cálidas de cada año se han calentado más rápido que los diez días más cálidos.

A escala global, esas noches extremas aumentaron a un ritmo medio de 0,32 grados por década. En comparación, los días más cálidos subieron 0,27 grados por década.

Ese dato importa porque las noches deberían permitir que el cuerpo se recupere después de una jornada de altas temperaturas. Cuando la temperatura mínima no baja lo suficiente, aumenta el riesgo para personas mayores, niños, trabajadores al aire libre y quienes viven con enfermedades cardiovasculares o respiratorias.

El estudio también detectó más eventos compuestos. Es decir, secuencias de días consecutivos con estrés térmico seguidos por noches tropicales, cuando la temperatura mínima no baja de los 20 grados.

Más días peligrosos en zonas subtropicales

La extensión geográfica del estrés térmico también se ha ampliado. Regiones que antes no enfrentaban calor extremo de manera frecuente ahora sí están expuestas.

El sur de América del Norte, el sur de Europa, el norte y sur de África, y América del Sur registran ahora hasta 50 días más al año con estrés térmico de fuerte a extremo.

En zonas como el norte de África, la Península Arábiga, Australia y partes del oeste de América del Norte también se observa un aumento de días con estrés térmico extremo.

En los trópicos, el estrés térmico intenso suele mantenerse durante casi todo el año. Sin embargo, el estudio indica que esas regiones están pasando hacia categorías más severas, lo que aumenta la presión sobre comunidades que ya viven con temperaturas elevadas.

Un riesgo directo para la salud

La exposición a por lo menos un día de estrés térmico extremo pasó del 16 % al 22 % de la población mundial. Eso equivale a unos mil millones de personas más expuestas.

El calor es la principal causa de mortalidad relacionada con el clima en el mundo, según destaca el artículo. Además, puede agravar enfermedades preexistentes, incluidas afecciones cardiovasculares, respiratorias y problemas de salud mental.

Las olas de calor también son cada vez más frecuentes, prolongadas y extremas a medida que avanza el calentamiento global. De acuerdo con la investigación, una cuarta parte de las olas de calor registradas entre 2000 y 2019 habrían sido prácticamente imposibles sin el cambio climático.

Aunque el estudio señala algunas excepciones, como partes de India, Pakistán y la costa suroeste de Australia, donde disminuyeron los días de estrés térmico, también advierte que en India y Pakistán aumentaron las noches tropicales.

Adaptarse ya no es opcional

Los autores sugieren reforzar los planes de acción ante el calor, mejorar los sistemas de alerta temprana y aplicar medidas de enfriamiento urbano. También recomiendan integrar indicadores de estrés térmico en las evaluaciones de riesgo climático.

Esto incluye más sombra, zonas verdes, acceso a agua, refugios climáticos, protección para trabajadores al aire libre y mejor comunicación pública durante episodios de calor peligroso.

El reto es especialmente urgente en comunidades vulnerables, donde muchas personas viven en viviendas con poca ventilación, trabajan en exteriores o no tienen acceso estable a aire acondicionado.

El estudio deja una advertencia clara: el calor extremo ya no es un fenómeno ocasional ni limitado a ciertas regiones. Está aumentando, dura más tiempo y afecta tanto de día como de noche.

Frente a ese escenario, prepararse no es una medida futura. Es una necesidad presente para proteger la salud y reducir el impacto de un clima cada vez más exigente.

El Especialito

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