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El secreto de la mansión – Capítulo 5 – Parte 1

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Novela semanal publicada en el periódico El Especialito.
Los capítulos más recientes se leen primero en la edición impresa.
Las partes anteriores están disponibles en nuestro sitio web.

Por: Isis Sánchez / El Especialito

Detrás del espejo había un pasillo oculto, un corredor estrecho que corría entre las paredes del ala oeste. Desde allí, alguien podía observar la habitación sin ser visto.

Elisa había sido vigilada. Día tras día. Noche tras noche.

Eleanor sintió náuseas, rabia y miedo. Volvió a mirar el marco del espejo y una pequeña mirilla se reveló al ras de la madera. Había polvo en el suelo del pasadizo, pero también huellas recientes.

Fue entonces cuando oyó la voz.

Sabía que algún día alguien volvería a entrar aquí.

Eleanor se volvió.

Mr. Harrow estaba en el umbral, su silueta recortada contra la penumbra del pasillo. Su silla de ruedas brillaba bajo la luz del relámpago, pero sus ojos grises y fríos la observaban con una calma inquietante.

¿Desde cuándo?, susurró ella.

Desde antes de que su hermana llegara, respondió él en voz baja. Y después de que murió, nadie volvió a mirar detrás de ese espejo. Nadie… hasta usted.

Usted sabía, dijo Eleanor con rabia contenida. Sabía que mi hermana había descubierto algo.

No todo, replicó él. Pero lo suficiente para morir por ello.

Eleanor levantó el testamento.

¿Esto? ¿Es lo que intentaba ocultar?

Harrow no respondió enseguida. Afuera, la tormenta rugía y el fuego lejano del pasillo lanzaba un resplandor tenue.

Luego, lentamente, el hombre en la silla se incorporó.

Sus piernas temblaron, pero logró sostenerse.

Eleanor quedó paralizada.

Dios mío…

Sí, dijo Harrow con un suspiro. Puedo caminar. Y si quiere seguir con vida, no debe contarlo.

Avanzó despacio, con esfuerzo, hasta quedar frente al espejo.

Este cristal fue mandado a instalar por Lord Ashcroft, dijo, tocando el marco con los dedos. Desde aquí observaba a quien quisiera. Creía que el control era poder, pero fue su obsesión la que destruyó esta casa.

Eleanor lo miró, estremecida.

Entonces… alguien sigue usándolo.

Sí, respondió Harrow, con un brillo oscuro en los ojos. Y si lo hizo anoche, ya sabe que usted ha estado aquí.

Un trueno estalló y apagó una de las velas. Eleanor sintió el corazón en la garganta.

Harrow se inclinó hacia ella y habló muy cerca, apenas un susurro.

Ahora que ha visto lo que hay detrás del espejo, ya no es una criada en esta casa. Es una amenaza.

El espejo, como si tuviera vida propia, giró lentamente hasta cerrarse de nuevo, sellando el secreto tras ellos.

En la oscuridad, la tormenta rugía. Un trueno sacudió los ventanales y la llama de la otra vela tembló, proyectando sombras que parecían moverse con voluntad propia.

El suelo crujió bajo sus pies, como si algo se desplazara bajo las tablas.

Y Ravenscroft Hall parecía mirarlos, como si la casa misma tuviera ojos.

O quizás, pensó Eleanor con el corazón latiendo como un tambor de guerra, la casa no solo miraba, sino que recordaba.

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