Novela semanal publicada en el periódico El Especialito.
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En El secreto de la mansión capítulo 9 parte 1, Lady Ashcroft enfrenta a Eleanor y Harrow tras descubrir el linaje oculto, desencadenando el colapso de los túneles bajo Ravenscroft Hall.
Por: Isis Sánchez / El Especialito
La lámpara parpadeó.
Un viento súbito recorrió la cámara, y las hojas de los libros se agitaron solas.
Desde el pasadizo por el que habían entrado, se oyó el eco de pasos lentos y regulares.
Alguien viene, susurró Eleanor.
Apagaron la lámpara y se ocultaron tras una columna.
El sonido se acercó: el roce de una tela, el golpe seco de un bastón sobre el suelo de piedra.
Entonces, la figura apareció a la luz mortecina de las velas encendidas por sí mismas.
Lady Ashcroft.
Llevaba un candelabro en la mano y un cuaderno en la otra. Su rostro estaba sereno, pero sus ojos, fríos y vacíos, no parecían humanos.
Así que aquí termina el silencio de Ravenscroft, dijo sin sorprenderse. Mi difunto esposo siempre fue un hombre débil. No tuvo el valor de destruir lo que debía ser borrado.
¿Usted lo sabía todo?, gritó Eleanor, saliendo de las sombras.
Lady Ashcroft sonrió apenas.
Desde el principio. Su hermana creyó que la verdad la haría libre. No comprendió que la verdad solo destruye.
Harrow se adelantó, con el rostro desencajado.
Madre… ¿qué hizo con Elisa?
Lo que debía hacerse, respondió ella con tono gélido. Ella habría arruinado a esta familia. Y tú… tú habrías sido su cómplice.
Eleanor sintió la rabia subirle a la garganta.
¡Era su sangre! ¡Su propia familia!
Precisamente por eso, susurró Lady Ashcroft. Ninguna familia sobrevive sin sacrificios.
Avanzó un paso, y Eleanor notó algo: en la mano libre de la mujer brillaba un llavero de hierro, con una copia idéntica de la llave que ella había encontrado.
¿Cree que esa llave la llevará a la redención?, preguntó Lady Ashcroft. Solo abre la puerta a la maldición.
Entonces, un sonido seco resonó tras ella: un crujido en las paredes.
El suelo tembló levemente, y del techo comenzó a caer polvo.
Los túneles antiguos cedían bajo su propio peso.
¡Tenemos que salir de aquí!, gritó Harrow, sujetando a Eleanor por la mano.
Lady Ashcroft se mantuvo inmóvil, los ojos fijos en ellos, mientras la bóveda se resquebrajaba sobre su cabeza.
No hay salida, hijos míos, dijo con calma. Ravenscroft no deja ir a nadie.
Un estruendo llenó la cámara.
El techo se vino abajo.
Eleanor solo alcanzó a sentir el tirón de la mano de Harrow y el frío de la piedra cuando cayeron por una abertura lateral, arrastrados por el polvo y la oscuridad.
Luego, silencio.
Y sobre el escritorio destruido, entre los fragmentos de piedra, la llave quedó en pie, intacta, brillando como si aún guardara la voluntad de alguien… o algo.










