Novela semanal publicada en el periódico El Especialito.
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En El secreto de la mansión capítulo 9 parte 2, Eleanor y Harrow sobreviven al derrumbe y avanzan por un túnel desconocido que los conduce a una puerta de hierro marcada por el símbolo del linaje.
Por: Isis Sánchez / El Especialito
El golpe de la caída los había dejado aturdidos.
El polvo llenaba el aire, denso, irrespirable.
Eleanor abrió los ojos entre la oscuridad y el sabor metálico de la sangre. Todo estaba en silencio salvo el goteo rítmico de agua cayendo desde el techo.
¿Harrow?, susurró.
Una voz respondió, ronca, cercana.
Aquí… estoy aquí.
Él se incorporó lentamente, sujetándose el costado. La lámpara que llevaba había caído, pero aún ardía débilmente a unos metros, proyectando una luz temblorosa sobre las paredes del túnel.
Eleanor se arrastró hasta ella. El haz iluminó su rostro cubierto de polvo y la mirada de Harrow, marcada por una mezcla de miedo y determinación.
Estamos atrapados, dijo ella con la respiración entrecortada.
No por mucho tiempo, respondió él. Hay aire… y si hay aire, hay una salida.
Miró alrededor.
El túnel era estrecho y descendía en una curva suave. Las piedras eran más viejas, húmedas, cubiertas de raíces.
Un olor a tierra y hierro impregnaba el ambiente.
Eleanor se apoyó en la pared.
¿Su madre… cree que morimos ahí arriba?
Si lo cree, será nuestra única ventaja, dijo Harrow, mirando hacia el fondo del pasaje. Vamos.
Comenzaron a avanzar, con la lámpara al frente.
El silencio del subsuelo los envolvía. A veces se oían ruidos lejanos, como respiraciones atrapadas entre las paredes, o el eco de pasos que no eran los suyos.
Tras un tramo, el túnel se abrió en una galería más amplia. Allí, el techo se elevaba formando una bóveda, y en el centro había una puerta de hierro cerrada con un candado oxidado.
Eleanor levantó la lámpara.
Sobre la puerta, un escudo tallado en piedra mostraba un halcón que sostenía un espejo roto.
Bajo él, una inscripción desgastada decía:
“El que guarda la sombra, guarda el nombre.”
Eleanor tocó la cerradura.
¿Tendrá su llave otra igual?
Harrow negó lentamente.
No. Mi llave está arriba… con ella.
El silencio cayó de nuevo.










