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El secreto de la mansión – Capítulo 8

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Novela semanal publicada en el periódico El Especialito.
Los capítulos más recientes se leen primero en la edición impresa.
Las partes anteriores están disponibles en nuestro sitio web.

En El secreto de la mansión capítulo 8, Eleanor utiliza la llave escondida bajo el retrato para abrir una puerta sellada y descubrir documentos que revelan el verdadero linaje de Ravenscroft Hall.

Por: Isis Sánchez / El Especialito

Sus miradas se cruzaron. Por un instante, la distancia entre ambos pareció desaparecer.

Eleanor pensó en su hermana, en el espejo, en las sombras que susurraban bajo la casa… y comprendió que nada en Ravenscroft ocurría sin que alguien lo estuviera observando.

Un ruido detrás de la estantería los hizo sobresaltarse.

Madera crujiendo. Un roce leve, como de tela arrastrándose.

Harrow apagó la lámpara.

Silencio.

Luego, una voz femenina, apenas audible, se filtró entre las grietas de la pared:

“La llave abre la puerta… pero no a la verdad. A algo peor.”

Eleanor se estremeció.

Harrow la tomó del brazo.

Alguien nos escucha, susurró.

No…, murmuró ella. Esa voz… era la de Elisa.

El viento se coló por la ventana abierta, apagando las velas.

El retrato del patriarca en el salón, al otro lado del muro, pareció inclinarse apenas, como si observara la escena.

Y desde la oscuridad del pasadizo oculto tras la biblioteca, unos ojos los vigilaban… fríos, pacientes, inhumanos.

El reloj del vestíbulo marcó la medianoche con un sonido hueco que pareció resonar en toda la mansión.

El aire en Ravenscroft Hall estaba espeso, cargado de una inquietud que se deslizaba por los pasillos como una sombra viva.

Las paredes, los retratos, los muebles antiguos… todo parecía observar.

Eleanor y Harrow se encontraban nuevamente en la biblioteca, esa vasta habitación donde los secretos dormían entre el polvo.

La llave descansaba sobre la mesa, reflejando débilmente la luz de una sola lámpara.

Si mi hermana habló de una llave, dijo Eleanor, es porque sabía exactamente qué abría.

Y si tenía razón, replicó Harrow, lo que guarda esa puerta podría destruirlo todo… o explicarlo.

El sonido del viento golpeó los ventanales.

¿Usted empieza a dudar de ella?, preguntó Eleanor.

Empiezo a dudar de todos, respondió Harrow, incluso de mí mismo.

Una rama rozó el cristal, produciendo un chirrido que hizo que ambos se estremecieran.

Eleanor tomó la lámpara y la llave.

Harrow, con un gesto silencioso, la condujo hacia el fondo de la biblioteca. Allí, tras una hilera de estanterías cubiertas de libros olvidados, había un panel de madera tallada.

Nadie habría notado la rendija vertical en el centro, ni el leve cambio en el relieve del suelo.

Mi padre pasaba horas aquí, dijo Harrow en voz baja. Decía que los libros eran más sinceros que las personas. Pero nunca me permitió acercarme a esta pared.

Eleanor buscó con la vista algún indicio, y pronto lo vio: un emblema en la parte inferior, el halcón sobre el espejo, idéntico al de la llave.

Aquí…, murmuró.

Introdujo la llave en la cerradura casi invisible.

El metal giró con un chasquido grave, y un olor a humedad y madera vieja se escapó del interior.

La puerta se abrió lentamente.

Más allá había un pasaje descendente, de piedra negra y escalones irregulares, cubiertos de telarañas.

Un aire helado, cargado de moho y polvo antiguo, salió a su encuentro.

No hay vuelta atrás, dijo Harrow.

Nunca la hubo, respondió Eleanor.

Descendieron.

El túnel los llevó a una cámara abovedada, iluminada apenas por una lámpara de aceite que aún ardía débilmente, como si alguien hubiera estado allí recientemente.

En el centro, un escritorio de caoba cubierto de pergaminos, frascos de tinta seca y libros encuadernados en cuero.

Eleanor levantó uno de ellos.

Las páginas estaban llenas de notas, genealogías, transcripciones de testamentos y nombres tachados con tinta roja.

“Registro de herederos de Ravenscroft”, leyó en voz alta.

Es la escritura de mi padre, murmuró Harrow, inclinándose sobre el papel.

Pero… ¿por qué ocultar algo así aquí abajo?

Eleanor hojeó las páginas con cuidado.

Entonces, en la sección más reciente, encontró un nombre que la hizo contener el aliento:

Elisa Whitford – registrada bajo tutela de Lady Margaret Ashcroft.

¡Mi hermana!, exclamó. ¿Qué significa esto?

Harrow frunció el ceño, revisando las líneas siguientes.

El texto continuaba con una nota al margen, escrita con letra temblorosa:

“La muchacha sabe demasiado. Si el secreto del linaje sale a la luz, todo se perderá.”

El silencio que siguió fue insoportable.

Eleanor miró a Harrow, pálida.

¿Qué linaje?

Harrow apartó la vista.

Mi madre… me contó que mi padre tuvo un hijo fuera del matrimonio, mucho antes de casarse con ella. Ese hijo fue enviado lejos, para evitar el escándalo.

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