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La flor fosilizada más grande en ámbar revela secretos de hace millones de años

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Flor fósil de "Symplocos kowalewskii" (Symplocaceae) del ámbar báltico: hasta la fecha, la mayor inclusión floral descubierta en ámbar. EFE/Carola Radke, del Museum für Naturkunde Berlin.

La naturaleza tiene una forma bastante elegante de guardar secretos, y el ámbar es uno de sus mejores archivos. Ahora, científicos han vuelto a estudiar la flor fosilizada en ámbar más grande jamás encontrada, un ejemplar que ha permanecido intacto durante más de 30 millones de años.

Esta flor fosilizada en ámbar mide 28 milímetros de diámetro, casi tres veces más que otras conocidas. Puede parecer pequeña, pero en el mundo de los fósiles vegetales atrapados en resina, es prácticamente un gigante. El hallazgo original data de 1872, aunque durante más de un siglo nadie se tomó el trabajo de revisarlo con tecnología moderna.

Un fósil olvidado que vuelve a hablar

El ejemplar proviene del ámbar báltico, formado en antiguos bosques del norte de Europa durante el Eoceno tardío, entre 38 y 33,9 millones de años atrás. En ese tiempo, la resina de los árboles capturaba organismos y los preservaba con un nivel de detalle sorprendente.

Durante décadas, se pensó que esta flor pertenecía a una especie distinta. Sin embargo, un nuevo análisis permitió extraer polen directamente de sus estructuras reproductivas, algo que antes no era posible.

Gracias a esto, los investigadores descubrieron que la flor fosilizada en ámbar está más relacionada con el género Symplocos, plantas que hoy existen principalmente en Asia. Este cambio llevó a reclasificar el fósil con un nuevo nombre científico.

Por qué es tan grande

La mayoría de las flores atrapadas en ámbar no superan los 10 milímetros. Entonces, ¿cómo terminó esta siendo casi tres veces mayor? La respuesta parece estar en el momento exacto en que quedó atrapada.

Los científicos creen que una gran cantidad de resina cubrió rápidamente la flor, encapsulándola antes de que pudiera descomponerse o dañarse. Este proceso no solo permitió conservarla, sino también protegerla de microorganismos que normalmente degradarían su estructura.

Es decir, no fue solo cuestión de suerte, sino de condiciones casi perfectas que se alinearon en el momento justo.

Un vistazo a ecosistemas antiguos

El estudio de esta flor fosilizada en ámbar no es solo una curiosidad. También ofrece pistas sobre los ecosistemas del pasado, incluyendo el clima, la vegetación y las conexiones entre continentes.

El hecho de que esté relacionada con especies actuales de Asia sugiere que, en el pasado, existían vínculos biológicos más amplios entre regiones que hoy están separadas.

Cada fósil de este tipo funciona como una cápsula del tiempo. Y aunque parezca increíble, una simple flor atrapada en resina puede contar una historia que abarca decenas de millones de años.

El Especialito

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