Los Knicks volvieron a la cima de la NBA después de 53 años de espera. Nueva York derrotó este sábado 94-90 a los San Antonio Spurs en el Juego 5 de las Finales y conquistó el tercer campeonato de su historia, el primero desde 1973, en una noche marcada por otra remontada y por una actuación monumental de Jalen Brunson.
El base neoyorquino firmó 45 puntos y fue elegido MVP de las Finales. No hubo discusión posible. En el partido más importante de la temporada, Brunson sostuvo a los Knicks cuando el ataque se apagaba, respondió ante cada golpe de San Antonio y asumió el control en los minutos decisivos.
La victoria llegó en el Frost Bank Center, pero por momentos el ambiente pareció trasladar el Madison Square Garden a Texas. Miles de fanáticos de Nueva York acompañaron al equipo y llenaron el estadio con cánticos de “Let’s Go Knicks” y gritos de “MVP” cada vez que Brunson caminaba hacia la línea de libres.
San Antonio comenzó con la urgencia de un equipo contra la pared. Su defensa fue agresiva desde el primer cuarto y dejó a los Knicks en apenas 13 puntos. Victor Wembanyama impuso presencia cerca del aro, mientras Dylan Harper atacaba con confianza. La ventaja local llegó a ser de 16 puntos en el segundo período.
Pero estos Knicks ya habían demostrado durante la serie que no se rinden con facilidad. Después de una remontada de 29 puntos en el Juego 4, el equipo de Mike Brown volvió a encontrar respuestas desde la defensa, el rebote y la serenidad de Brunson. Josh Hart aportó energía, contacto y un doble doble de 13 puntos y 11 rebotes. Mikal Bridges sumó 14 puntos y también fue clave para sostener el equilibrio.
Karl-Anthony Towns, dominicano-estadounidense y una de las piezas grandes del proyecto, vivió una noche difícil. Terminó con apenas dos puntos y fue expulsado por acumulación de faltas. Aun así, logró el objetivo mayor: proclamarse campeón de la NBA y sumarse al legado latino que Al Horford había reforzado recientemente con su propio anillo.
Los Spurs, pese a la derrota, dejaron señales de futuro. Harper terminó con 25 puntos, mientras Wembanyama logró 19 puntos y 14 rebotes. El grupo texano pagó su falta de experiencia en los momentos más tensos, pero confirmó que tiene talento para seguir compitiendo durante años.
El tramo final fue pura tensión. Tras un empate a 88, Brunson volvió a aparecer y los Knicks cerraron el partido desde la línea de tiros libres con Hart y OG Anunoby. San Antonio no encontró lucidez para evitar otra reacción neoyorquina.
La espera terminó. Nueva York volvió a celebrar un campeonato de los Knicks, una alegría que varias generaciones solo habían escuchado en historias familiares. Esta vez no hubo nostalgia ni promesas rotas. Hubo título, hubo carácter y hubo un líder absoluto. Brunson entregó a la Gran Manzana una noche que ya pertenece a su memoria deportiva.










