El dip de alcachofa es un clásico de mesas informales, reuniones largas y hornos encendidos sin demasiada ceremonia. No pertenece a una tradición antigua ni presume raíces profundas, pero se ganó su lugar por una razón clara. Funciona. Es cremoso sin ser pesado, tiene carácter sin volverse invasivo y se adapta a lo que haya alrededor. Pan, tostadas, vegetales o incluso papas asadas.
Este dip nació y se popularizó en cocinas domésticas, especialmente en Estados Unidos, donde los aperitivos calientes cumplen una función social clara. Se pone al centro, se sirve para todos y desaparece rápido. La alcachofa aporta textura y un fondo vegetal suave que equilibra la riqueza del queso y la crema.
Ingredientes
- 400 g de corazones de alcachofa en conserva, bien escurridos
- 200 g de queso crema a temperatura ambiente
- 120 ml de crema
- 1 diente de ajo picado fino
- 80 g de queso rallado, tipo mozzarella o mezcla de quesos
- 40 g de queso parmesano rallado
- Sal al gusto
- Pimienta negra al gusto
Preparación
- Precalienta el horno a 180 °C.
- Pica los corazones de alcachofa en trozos pequeños. No deben quedar en puré.
- En un bol, mezcla el queso crema con la crema hasta obtener una base lisa.
- Añade el ajo, las alcachofas picadas, el queso rallado y la mitad del parmesano.
- Sazona con sal y pimienta y mezcla bien.
- Pasa la mezcla a una fuente apta para horno y espolvorea el resto del parmesano por encima.
- Hornea durante 25 a 30 minutos, hasta que esté caliente, burbujeante y ligeramente dorado en la superficie.
- Deja reposar unos minutos antes de servir.
Consejos útiles
- Escurre muy bien las alcachofas. El exceso de líquido arruina la textura.
- El ajo debe ir crudo, pero en poca cantidad. Solo para dar fondo.
- Si quieres una capa superior más marcada, puedes gratinar los últimos minutos.
- Se puede preparar con anticipación y hornear justo antes de servir.
El dip de alcachofa se sirve caliente, al centro de la mesa y sin demasiadas explicaciones. Es de esos platos que no necesitan introducción. La cuchara entra, el pan sigue y la conversación continúa. A veces, eso es exactamente lo que se espera de una buena receta.










