El estado de conservación de insectos es en gran medida un misterio. Un estudio advierte que cerca del 90 % de las especies de insectos y arácnidos no tiene ningún estatus oficial.
La investigación fue liderada por la bióloga colombiana Laura Figueroa. El trabajo fue publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
El primer desafío fue reunir un listado completo de especies en Norteamérica. Para ello, el equipo revisó literatura científica y consultó instituciones especializadas.
Finalmente, recopilaron 99.312 especies de insectos y arácnidos en el norte de México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, los datos revelaron una brecha preocupante.
Un vacío alarmante
El 88,5 % de las especies no cuenta con ningún estatus de conservación. Además, el 75,3 % nunca ha sido evaluado respecto a su riesgo de extinción.
Según Figueroa, esto representa un peligro tanto para los ecosistemas como para los humanos. A pesar de su mala fama, estos animales cumplen funciones esenciales.
Por ejemplo, participan en el ciclo de nutrientes y sirven de alimento a otros animales. También actúan como polinizadores y reguladores de plagas.
Asimismo, muchas especies funcionan como indicadores de la calidad del agua y del aire. Sin ellas, el equilibrio ecológico se vería gravemente afectado.
Protección desigual
El estudio señala que las especies más llamativas reciben mayor atención. Mariposas y libélulas cuentan con más medidas de conservación.
En cambio, las arañas casi no tienen protección legal. De hecho, en muchos estados de Estados Unidos no existe ninguna especie de araña protegida.
Solo el 5,3 % de las especies consideradas en peligro tiene respaldo legal estatal. Esto demuestra una clara falta de políticas integrales.
Además, los estados con mayor dependencia de industrias extractivas protegen menos a estos grupos. Por el contrario, donde hay mayor educación ambiental existen más medidas.
Los autores insisten en la urgencia de mejorar el conocimiento científico. Sin datos sólidos, el estado de conservación de insectos seguirá siendo una incógnita.
Protegerlos no es solo una cuestión ambiental. También es una garantía para la salud del planeta y la estabilidad de los ecosistemas que sostienen la vida.










