La presión alta es conocida como una condición silenciosa porque muchas veces no produce síntomas evidentes. Una persona puede sentirse bien y, aun así, tener cifras elevadas durante meses o años. Por eso, esperar a sentirse mal para revisar la presión arterial puede ser un error peligroso.
La hipertensión ocurre cuando la fuerza de la sangre contra las paredes de las arterias se mantiene alta de forma constante. Con el tiempo, esto puede dañar vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de infarto, derrame cerebral, enfermedad renal, problemas de visión y otras complicaciones. Lo difícil es que, en muchos casos, la presión alta avanza sin avisos claros.
Algunas personas pueden presentar dolor de cabeza, visión borrosa, falta de aire, palpitaciones, mareos o sangrado nasal. Sin embargo, estos síntomas no son específicos y no siempre están causados por hipertensión. También pueden aparecer por estrés, deshidratación, ansiedad, problemas visuales, infecciones u otras condiciones. Por eso, la única manera confiable de saber si la presión está elevada es medirla correctamente.
La presión alta se considera generalmente a partir de lecturas repetidas de 130/80 mm Hg o más, según guías usadas en Estados Unidos. Una sola medición elevada no siempre confirma hipertensión, pero sí debe tomarse en serio, especialmente si se repite en distintos momentos.
Hay factores que aumentan el riesgo, como antecedentes familiares, edad, exceso de peso, consumo alto de sal, sedentarismo, tabaquismo, alcohol en exceso, estrés crónico, diabetes y enfermedad renal. También puede afectar a personas jóvenes, incluso si parecen saludables, por lo que los chequeos regulares son importantes.
Medirse la presión en casa puede ayudar, siempre que se use un monitor validado y se sigan instrucciones adecuadas. Lo ideal es estar sentado, con la espalda apoyada, los pies en el suelo, el brazo a la altura del corazón y después de varios minutos de reposo. La cafeína, el ejercicio y el tabaco justo antes de la medición pueden alterar los resultados.
Si la presión alta ya fue diagnosticada, los cambios de estilo de vida pueden ayudar: reducir sodio, comer más frutas y verduras, hacer actividad física, dormir bien, controlar el peso y tomar medicamentos si el médico los indica. Suspender tratamientos por cuenta propia puede ser riesgoso.
La presión alta no siempre se siente, pero sí puede dejar consecuencias. Revisarla con regularidad es una medida sencilla que puede prevenir problemas mayores. En salud cardiovascular, conocer los números no es exageración: es protección.