Carlos Alcaraz afronta este viernes un partido con doble significado en el Abierto de Australia. El tenista español se mide al francés Corentin Moutet en busca de un lugar en los octavos de final y, al mismo tiempo, alcanzará los 100 partidos disputados en torneos de Grand Slam, una cifra que refleja la consistencia y precocidad de su carrera en la élite.
Con solo 22 años, el número uno del mundo llega a esta tercera ronda con un balance de 86 victorias y 13 derrotas en los grandes escenarios del circuito. Melbourne es, además, el único de los cuatro majors que aún no figura en su palmarés, por lo que el torneo representa una oportunidad clave para completar su colección y reforzar su dominio en el tenis mundial.
El murciano disputa en Australia su vigésimo cuadro final de Grand Slam. Sus números en los otros torneos mayores evidencian su regularidad: presenta un balance de 25-3 en Roland Garros, donde se coronó en 2024 y 2025; un 24-3 en Wimbledon, con títulos en 2023 y 2024; y un 24-3 en el US Open, torneo que ganó en 2022 y 2025. En Melbourne, su registro es de 13 victorias y 4 derrotas, una estadística que busca mejorar para sumar su primer trofeo en el Abierto de Australia.
Dirigido por Samuel López, Alcaraz ha superado con solvencia las dos primeras rondas del torneo. En su debut venció al australiano Adam Walton por 6-3, 7-6 (2) y 6-2, y posteriormente se impuso al alemán Yannick Hanfmann por 7-6 (4), 6-3 y 6-2. Estos resultados lo colocan entre los 32 jugadores que continúan en competencia.
La tercera ronda se presenta, además, en un contexto de sorpresas, con varias eliminaciones tempranas de cabezas de serie. Entre los ausentes ya figuran el canadiense Felix Auger-Aliassime, número siete del ranking; el checo Jiri Lehecka; el italiano Flavio Cobolli; el neerlandés Tallon Griekspoor; el francés Arthur Rinderknech; el estadounidense Brandon Nakashima; y el brasileño Joao Fonseca, entre otros.
Ante Moutet, Alcaraz buscará confirmar su condición de favorito y dar un nuevo paso hacia los octavos de final en un torneo que aún le es esquivo. El duelo no solo puede acercarlo a su primer título en Melbourne, sino que también marcará un hito simbólico en una trayectoria que, a su corta edad, ya suma cien partidos en los escenarios más exigentes del tenis mundial.









