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Las abejas también “actúan”: su danza mejora cuando tienen público

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una abeja melífera que baila (en el centro) está rodeada por un público de «seguidoras» que interpreta con atención los movimientos de la ultrarrápida danza del meneo. Cedida por la investigadora Heather Broccard Bell

Las abejas no solo trabajan sin descanso, también parecen “actuar” mejor cuando saben que alguien las está mirando. Un reciente estudio ha demostrado que la danza de las abejas, clave para comunicar la ubicación de alimento, se vuelve más precisa cuando hay más compañeras observándolas dentro de la colmena.

La danza de las abejas es un comportamiento fascinante que permite a las recolectoras indicar a otras dónde encontrar comida. Al regresar, la abeja ejecuta una serie de movimientos rápidos, en los que avanza mientras mueve su abdomen, gira y repite la secuencia varias veces. El ángulo de estos movimientos señala la dirección del alimento en relación con el sol, y la duración del baile indica la distancia.

Sin embargo, este lenguaje no es tan rígido como se pensaba. Investigadores de Estados Unidos, China y Reino Unido descubrieron que la precisión de la danza de las abejas cambia dependiendo del tamaño y tipo de audiencia dentro de la colmena.

En experimentos realizados en colmenas controladas, los científicos observaron que cuando había menos abejas siguiendo la danza, las recolectoras se movían más y parecían buscar activamente a más espectadoras. Este comportamiento provocaba que la información transmitida fuera menos exacta.

En una segunda fase del estudio, se mantuvo constante el número de observadoras, pero se introdujeron abejas jóvenes, que normalmente no prestan atención a estos bailes. El resultado fue similar. La danza de las abejas perdió precisión cuando el público era menos receptivo.

Los expertos creen que este fenómeno ocurre porque las abejas dependen de señales táctiles para percibir su entorno social. Las observadoras tocan a la bailarina con sus antenas y su cuerpo, lo que le proporciona información sobre cuántas están prestando atención. Cuando estas señales son escasas, la abeja parece ajustar su comportamiento, aunque eso afecte la claridad del mensaje.

Este hallazgo sugiere que la comunicación en las abejas no depende únicamente de la intención de quien transmite la información, sino también de la disponibilidad y atención de quienes la reciben. En otras palabras, incluso en el mundo de los insectos, el público importa.

El estudio aporta una nueva perspectiva sobre cómo los animales adaptan su comportamiento social en tiempo real. Aunque pueda parecer sorprendente, las abejas comparten con los humanos una tendencia curiosa: rendir mejor cuando saben que alguien está mirando.

El Especialito

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