Organizaciones defensoras de inmigrantes en Nueva York criticaron a la gobernadora Kathy Hochul por una propuesta que permitiría a la Policía colaborar con agentes federales de inmigración bajo ciertas condiciones.
El punto más polémico es el uso del criterio de “causa probable” para justificar la cooperación con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en casos de delitos graves.
La medida fue discutida durante una reunión con legisladores estatales, en el contexto de negociaciones presupuestarias que aún no se han cerrado.
Una propuesta con límites, pero cuestionada
Hochul planteó restricciones claras. Entre ellas, impedir redadas en lugares sensibles como iglesias o escuelas y prohibir que la Policía actúe como brazo directo de ICE en tareas migratorias.
También defendió que los agentes locales deben centrarse en la seguridad pública.
“Los policías locales deberían concentrarse en los delitos locales”, afirmó tras el encuentro.
Sin embargo, la posibilidad de cooperación bajo el concepto de causa probable generó rechazo inmediato.
Preocupación por abusos y discrecionalidad
Organizaciones como Immigrant Defense consideran que ese criterio es demasiado amplio y puede prestarse a abusos.
Su directora, Yasmine Farhang, advirtió que permitir esta práctica podría abrir la puerta a detenciones basadas en interpretaciones arbitrarias.
Desde Se Hace Camino Nueva York, también alertaron que la medida podría facilitar la colaboración entre autoridades locales e inmigración bajo supuestos poco claros.
Según su codirectora, Natalia Aristizábal, existe el riesgo de que decisiones policiales se vean influenciadas por prejuicios.
División política y debate abierto
El tema ha generado inquietud incluso entre legisladores estatales, que temen que la propuesta debilite protecciones vigentes para comunidades inmigrantes.
Algunos han impulsado alternativas como el proyecto “Nueva York para Todos”, que busca ampliar esas garantías y limitar aún más la cooperación con ICE.
Por ahora, la iniciativa de Hochul sigue en discusión.
Y como suele pasar con la política migratoria en Nueva York, nadie está realmente de acuerdo en dónde trazar la línea.