Donald Trump y Xi Jinping visitaron este jueves el Templo del Cielo de Pekín, uno de los lugares históricos más emblemáticos de China, después de su reunión bilateral en el Gran Palacio del Pueblo.
El presidente estadounidense llegó al complejo tras el encuentro con Xi. Poco después lo hizo el mandatario chino, quien lo recibió al pie del Salón de Oración por las Buenas Cosechas y lo acompañó en un recorrido de menos de una hora.
El lugar estuvo cerrado al público durante dos días por motivos de seguridad. La presencia policial también limitó el acceso a los alrededores, aunque algunos curiosos intentaron acercarse para ver a los líderes o la caravana presidencial.
Un escenario con mensaje político
El Templo del Cielo fue construido en 1420, durante la dinastía Ming. Durante siglos, los emperadores chinos acudieron allí para ofrecer sacrificios y rezar por buenas cosechas.
Su estructura más famosa es redonda, con tres techos de baldosas azules. Está hecha de madera y fue levantada sin usar clavos, un detalle que forma parte de su fama arquitectónica.
Pero el sitio no fue elegido solo por su belleza. También tiene una fuerte carga simbólica. En la tradición china, representa la relación entre el cielo, la tierra y la autoridad imperial.
Por eso, analistas consultados por medios internacionales interpretaron la visita como un mensaje diplomático. Para Pekín, recibir a Trump allí muestra continuidad histórica, poder político y la idea de buscar “armonía” en una relación marcada por tensiones.
“China es bella”, dijo Trump
Trump habló poco con la prensa durante el recorrido. Al ser preguntado por la reunión previa con Xi, respondió brevemente: “Un gran lugar. Increíble. China es bella”.
Después del paseo, el presidente estadounidense subió a su vehículo oficial y regresó al hotel donde se aloja. Más tarde tenía previsto asistir a un banquete de Estado ofrecido por Xi en el Gran Palacio del Pueblo.
Su hijo Eric Trump y su nuera Lara Trump también participaron en el recorrido por el complejo.
Expectativa y cautela en Pekín
La visita de Trump generó expectativa entre algunos ciudadanos chinos. Sin embargo, el ambiente en la zona fue controlado por las fuertes medidas de seguridad.
Algunos viandantes consultados por EFE expresaron curiosidad por ver la caravana presidencial. Otros respondieron con cautela sobre el futuro de la relación entre China y Estados Unidos.
La cumbre llega en un momento delicado. Ambos países mantienen diferencias en comercio, tecnología, inteligencia artificial, Taiwán y la guerra relacionada con Irán. Aun así, el encuentro busca abrir espacio para acuerdos y reducir el riesgo de una nueva escalada. The Times reportó que la agenda del viaje incluye conversaciones sobre comercio, Taiwán y conflictos globales.
Un lugar visitado por figuras clave de EE.UU.
Trump no es el primer líder estadounidense que visita el Templo del Cielo. Gerald Ford estuvo allí en 1975. También lo visitó Nancy Reagan en 1988, en representación de Ronald Reagan.
George H.W. Bush pasó por el enclave antes de ser presidente, cuando trabajaba como jefe de la oficina de enlace de Estados Unidos en Pekín.
Sin embargo, el nombre estadounidense más ligado al lugar es Henry Kissinger. Según registros citados por medios chinos, el ex secretario de Estado visitó el Templo del Cielo al menos una docena de veces entre 1971 y 2003.
Kissinger es recordado en China como una figura clave del acercamiento entre Pekín y Washington durante la Guerra Fría.
La visita de Trump y Xi al Templo del Cielo no resuelve las diferencias entre las dos potencias. Pero sí deja una imagen cuidadosamente elegida: dos líderes caminando por un espacio que China asocia con orden, poder y cosechas futuras. En diplomacia, los escenarios también hablan.