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Amaia Montero vuelve con La Oreja de Van Gogh entre lágrimas, nostalgia y 15.000 voces

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La cantante Amaia Montero durante el concierto que la banda La Oreja de Van Gogh ofrece este sábado en Barakaldo. EFE/ Miguel Toña

Amaia Montero volvió a cantar con La Oreja de Van Gogh y el regreso tuvo el peso emocional de una historia que muchos fans esperaron casi dos décadas. Ante más de 15,000 personas en el Bizkaia Arena del BEC, la vocalista original del grupo donostiarra abrió una nueva etapa con la gira “Tantas cosas que contar”, creada para celebrar los 30 años de la banda.

El concierto fue mucho más que una noche de nostalgia. También fue una reaparición personal. Montero habló sin rodeos de los años difíciles que vivió lejos de los escenarios y recibió una ovación cerrada del público. “Pensé que nunca volvería a pisar un escenario”, dijo la cantante, antes de reconocer que atravesó momentos de oscuridad y que llegó a sentirse perdida.

La frase más fuerte llegó después: “Bajé al mismísimo infierno, pero con mis cicatrices, después de luchar mucho, aquí estoy”. El público respondió con gritos de “Amaia, Amaia”, en una de las escenas más emotivas de la noche.

Amaia Montero La Oreja de Van Gogh y una vuelta cargada de memoria

El reencuentro de Amaia Montero y La Oreja de Van Gogh comenzó con una puesta en escena sencilla, pero visualmente potente. El escenario minimalista, formado por plataformas, estuvo acompañado por más de 40 pantallas, luces y mensajes que reforzaron el tono de regreso.

La banda salió primero al escenario. Después apareció Montero, vestida con un mono rosa brillante y subida a una plataforma que se elevó desde el suelo. La reacción fue inmediata. Los gritos del público casi taparon el arranque de “20 de enero”, uno de los himnos más reconocibles del grupo.

A ese tema le siguieron “Deseos de cosas imposibles” y una de las primeras sorpresas: “El último vals”, canción de la etapa de Leire Martínez. La inclusión de temas interpretados originalmente por la segunda vocalista del grupo fue una de las decisiones más comentadas del repertorio.

Un recorrido por tres décadas

Durante casi dos horas, La Oreja de Van Gogh repasó 25 canciones. Sonaron clásicos como “Dulce locura”, “París”, “Pop”, “La playa”, “El 28”, “Rosas”, “Cuídate”, “Muñeca de trapo” y “Puedes contar conmigo”. Cada una activó una memoria distinta entre un público formado, en su mayoría, por treintañeros que crecieron con esas letras.

El grupo estuvo integrado por Xabi San Martín en teclados, Álvaro Fuentes en bajo y Haritz Garde en batería. La ausencia de Pablo Benegas, tras su salida temporal, fue cubierta por Imanol Goikoetxea, músico que ya había colaborado antes con la banda.

Uno de los momentos más íntimos llegó cuando Montero cantó “Tan guapa” a dúo con Xabi San Martín. Ambos cerraron la interpretación con un pequeño baile y un abrazo, una imagen que reforzó el tono de reconciliación emocional de la noche.

Emoción, tropiezos y una ovación firme

El concierto también tuvo momentos imperfectos. Durante “Todos estamos bailando la misma canción”, el único tema nuevo del repertorio, Montero cantó subida a varios metros del escenario y reconoció después que la interpretación no salió como esperaba. “La primera vez que me subo y lo hago fatal, soy consciente”, dijo, entre aplausos de apoyo.

También hubo pasajes vocalmente irregulares, especialmente en algunos temas exigentes. Sin embargo, el público no pareció medir la noche desde la perfección técnica. La emoción pesó más. Los fans estaban allí para ver un regreso, para cantar canciones que marcaron una época y para acompañar a una artista que habló abiertamente de sus cicatrices.

La gira continuará con fechas en Madrid y otras ciudades, dentro de un tour que ya ha vendido más de 400,000 entradas y que culminará el 30 de diciembre. En el BEC, 30,000 personas asistirán durante el fin de semana a los dos conciertos consecutivos de la banda.

El regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh no fue solo un ejercicio de nostalgia. Fue una declaración de supervivencia artística y personal. La voz que marcó canciones como “Rosas” y “La playa” volvió con heridas visibles, pero también con una certeza compartida por miles de fans: algunas historias, incluso después de mucho silencio, todavía tienen cosas que contar.

El Especialito

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