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Por qué las lluvias más intensas pueden dejar la tierra más seca

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Toda la lluvia anual acumulada en episodios de tormentas intensas acaban produciendo sequías porque la tierra no tiene capacidad de absorber tal cantidad de agua caída en tan poco tiempo. Un equipo de investigadores ha constatado con datos el fenómeno al que llevamos décadas asistiendo debido al cambio climático. El estudio, recogido en Nature este miércoles, analiza los registros de precipitaciones globales desde 1980 hasta 2022 y concluye que las precipitaciones anuales se concentran cada vez más en tormentas de mayor intensidad, lo que da lugar a períodos de sequía más prolongados, independientemente del clima local. El estudio, recogido en Nature este miércoles, analiza los registros de precipitaciones globales desde 1980 hasta 2022 y concluye que las precipitaciones anuales se concentran cada vez más en tormentas de mayor intensidad, lo que da lugar a períodos de sequía más prolongados, independientemente del clima local. EFE/Corey Lesk y Justin Mankin -SÓLO USO EDITORIAL/SOLO USO PERMITIDO PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE APARECE EN EL PIE DE FOTO (CRÉDITO OBLIGATORIO)-

Las lluvias intensas parecen, a simple vista, una solución contra la sequía. Pero un nuevo estudio publicado en Nature muestra una realidad más compleja: cuando la lluvia anual cae en menos episodios, pero con mayor fuerza, la tierra puede terminar más seca. La razón es tan simple como inquietante. El suelo no siempre puede absorber tanta agua en tan poco tiempo.

La investigación, realizada por científicos de Dartmouth y la Université du Québec à Montréal, analizó registros globales de precipitación entre 1980 y 2022. Los resultados indican que, en muchas partes del mundo, la lluvia se ha ido concentrando cada vez más en tormentas grandes e intensas, con periodos secos más prolongados entre un evento y otro.

Esto no significa que cada tormenta provoque automáticamente una sequía. Lo que el estudio plantea es que la forma en que cae el agua importa tanto como la cantidad total. Cuando las lluvias intensas descargan grandes volúmenes en poco tiempo, parte del agua corre por la superficie, se acumula, se evapora con mayor facilidad o termina provocando inundaciones, en lugar de infiltrarse lentamente para alimentar suelos, acuíferos y ecosistemas.

El hallazgo resulta especialmente importante porque rompe con una idea común: pensar que más lluvia anual siempre equivale a más disponibilidad de agua. Según los investigadores, incluso en lugares donde la precipitación total aumenta, la concentración de esa lluvia en menos días puede reducir el agua útil para la tierra.

El estudio también proyecta que este patrón podría intensificarse con el calentamiento global. A medida que la atmósfera se calienta, puede retener más humedad, lo que favorece tormentas más cargadas. Pero si esas precipitaciones llegan en episodios cada vez más separados, el paisaje puede enfrentar un ciclo incómodo: inundaciones repentinas por un lado y sequedad prolongada por el otro.

La imagen puede parecer contradictoria, pero ya se ha vuelto familiar en muchas regiones: calles anegadas después de una tormenta extrema y, semanas después, suelos agrietados, vegetación estresada y reservas de agua bajo presión.

Las lluvias intensas no son solo un espectáculo climático más fuerte. También están cambiando el ritmo con el que el planeta recibe y conserva el agua. Y esa diferencia, según este estudio, puede ser decisiva para entender por qué un mundo con tormentas más potentes también puede volverse más seco.

El Especialito

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