La cuestión de Taiwán terminó marcando la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín. Aunque el presidente estadounidense se mostró más reservado durante su visita a China, sus comentarios posteriores encendieron dudas sobre el futuro del apoyo de Washington a Taipéi.
A bordo del Air Force One, de regreso a Estados Unidos, Trump dijo que tomará una decisión “muy pronto” sobre la venta de armas a Taiwán. Luego, en una entrevista con Fox News, afirmó que no tiene intención de librar una guerra para defender la isla.
Sus declaraciones llegan en un momento sensible. China considera a Taiwán como parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza. Estados Unidos no reconoce a Taiwán como país independiente, pero mantiene vínculos estrechos con la isla y está obligado por ley a ayudarla a defenderse.
La venta de armas, en el centro
El punto más delicado fue la forma en que Trump habló sobre la venta de armas a Taiwán. El mandatario la describió como una “muy buena ficha de negociación” con China.
Según AP, el comentario elevó la preocupación en Taiwán, donde muchos temen que la seguridad de la isla pueda convertirse en parte de una negociación más amplia entre Washington y Pekín.
La inquietud es clara. Desde 1979, la Ley de Relaciones con Taiwán obliga a Estados Unidos a proporcionar a la isla medios para su autodefensa. Además, las llamadas “seis garantías” de 1982 establecen que Washington no debe consultar con China sus decisiones sobre ventas de armas a Taipéi.
Por eso, expertos citados por EFE consideran que las palabras de Trump se apartan de la línea tradicional estadounidense.
Rubio intenta calmar las dudas
Tras la cumbre, el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que la política de Estados Unidos hacia Taiwán no ha cambiado.
Sin embargo, la aclaración no borró la incertidumbre. Trump también dijo que hablaría con “la persona que ahora dirige Taiwán”, en aparente referencia al presidente William Lai.
Ese posible contacto sería delicado. Desde 1979, ningún presidente estadounidense en funciones ha mantenido una conversación oficial de ese tipo con un líder taiwanés. Pekín rechaza cualquier intercambio que interprete como reconocimiento político de la isla.
El Gobierno taiwanés respondió que Lai está dispuesto a hablar con Trump, según la información difundida por autoridades de la isla.
Una posible victoria para Pekín
Analistas citados por EFE creen que los comentarios de Trump pueden favorecer a China. No porque cambien de inmediato la política oficial de Washington, sino porque introducen dudas sobre la fiabilidad del apoyo estadounidense.
William Yang, analista de Crisis Group, señaló que las palabras de Trump reavivaron en Taiwán la ansiedad sobre la credibilidad de Estados Unidos.
Wen-Ti Sung, del Atlantic Council, consideró que tratar las armas como una ficha de negociación representa una desviación importante respecto a las garantías tradicionales dadas a Taiwán.
Para Pekín, esa ambigüedad puede ser útil. China busca debilitar la confianza de la sociedad taiwanesa en Washington y aumentar las divisiones políticas dentro de la isla.
Taiwán y los chips
Trump también volvió a criticar a Taiwán por su industria de semiconductores. En la entrevista con Fox News, acusó a la isla de haber “robado” la industria de chips de Estados Unidos.
Ese comentario añade otra capa de tensión. Taiwán es sede de algunas de las empresas más importantes del mundo en fabricación de semiconductores. Su papel en la economía global es clave, especialmente para tecnología, defensa e inteligencia artificial.
Para los partidos taiwaneses que defienden una relación más cuidadosa con Pekín, las palabras de Trump pueden alimentar el argumento de que la isla no debe depender demasiado de Estados Unidos.
Sin riesgo inmediato, pero con más incertidumbre
Los expertos no ven un conflicto inmediato en el estrecho de Taiwán. China parece jugar a largo plazo. Su estrategia pasa por presionar militarmente, aislar diplomáticamente a Taipéi y debilitar la confianza en Washington.
Aun así, las declaraciones de Trump importan. En política internacional, las palabras también mueven el tablero.
La cumbre en Pekín dejó una señal clara: Taiwán seguirá siendo una de las líneas más sensibles entre Estados Unidos y China. Y si Washington convierte su apoyo militar en una ficha negociable, la isla puede entrar en una etapa de mayor incertidumbre.