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Nueva York se tiñe de naranja y azul para celebrar el título histórico de los Knicks

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Los aficionados vitorean durante el desfile con confeti y la concentración de celebración de los New York Knicks por haber ganado las Finales de la NBA de 2026 en Nueva York, Nueva York, EE. UU., el 18 de junio de 2026.EFE/EPA/KENA BETANCUR

Knicks desatan una fiesta histórica en Manhattan

Los Knicks volvieron a sentirse dueños de Nueva York. Después de más de cinco décadas de espera, el equipo celebró este jueves su primer título de la NBA desde 1973 con un desfile multitudinario que convirtió el bajo Manhattan en una marea naranja y azul.

Broadway amaneció tomada por aficionados, música, papel en el aire y una emoción que atravesó generaciones. Para muchos, no era solo una celebración deportiva. Era el final de una espera que marcó a padres, hijos y abuelos que crecieron escuchando que algún día los Knicks volverían a ser campeones.

El desfile recorrió el tradicional “Canyon of Heroes”, desde la zona de Battery Park hasta City Hall. Allí, el alcalde Zohran Mamdani tenía previsto entregar las llaves de la ciudad al equipo.

Una ciudad volcada con sus campeones

Desde muy temprano, miles de seguidores se agolparon en las zonas habilitadas para ver pasar a los jugadores. Según la Policía de Nueva York, el acceso a algunos tramos ya estaba cerrado antes de las 7:30 de la mañana por la saturación del recorrido.

La ciudad desplegó un operativo de seguridad masivo, con más de 10.000 agentes. La medida respondió a la enorme expectativa y también a los incidentes registrados durante las celebraciones espontáneas posteriores a la conquista del campeonato.

Aun así, el ambiente fue de fiesta. Rollos de papel higiénico cruzaban el aire, las bandas de música acompañaban el paso de los vehículos oficiales y los fanáticos buscaban cualquier punto alto para ver mejor el desfile. Algunos se subieron a semáforos y señales de tráfico para no perderse el paso de los campeones.

Brunson, Towns y Anunoby reciben el cariño

Los jugadores viajaron en vehículos abiertos, identificados con los nombres de varias figuras del equipo. Jalen Brunson, Karl-Anthony Towns, OG Anunoby y otros protagonistas del título recibieron ovaciones constantes durante el recorrido.

Algunos aficionados pudieron acercarse tanto que llegaron a tocar el trofeo Larry O’Brien, el premio que durante 53 años pareció inalcanzable para la franquicia.

Mitchell Robinson también llamó la atención con una camioneta personalizada en tonos naranja. Josh Hart fue otra de las figuras más comentadas, especialmente por las imágenes en las que apareció celebrando con un puro a bordo de una de las plataformas.

Mamdani, vestido con una camiseta de Hart sobre su traje, saludó al público y conversó con jugadores mientras avanzaba el desfile. La imagen reforzó el carácter cívico de la celebración: no era solo el festejo de un equipo, sino el de toda una ciudad.

Famosos y fanáticos en la misma fiesta

Como suele ocurrir con los Knicks, la celebración también tuvo presencia de figuras conocidas. Spike Lee, símbolo absoluto de la fanaticada del Madison Square Garden, estuvo entre los nombres destacados.

También asistieron Ben Stiller, Timothée Chalamet y Fat Joe, rapero del Bronx de ascendencia puertorriqueña y cubana. Para una ciudad tan diversa como Nueva York, el desfile fue también una postal de identidad local, con barrios, acentos y generaciones celebrando el mismo triunfo.

Ben Stiller, además, prepara un documental sobre el equipo para HBO, según confirmó recientemente. El momento no podría ser más oportuno: la historia de estos Knicks ya tiene todos los elementos de una producción neoyorquina grande.

Una espera que valió la pena

Entre los aficionados, la emoción tenía forma de desahogo. Michael, llegado desde Long Island, resumió el sentimiento con una frase simple: prefería esperar seis horas ese día antes que volver a esperar quién sabe cuánto por otro campeonato.

Sebastian, de Manhattan, contó que llegó antes de las 7:30 de la mañana para asegurar un buen lugar. Como muchos otros, entendió que esta celebración no se repetiría fácilmente.

Los Knicks no ganaban la NBA desde 1973. Durante décadas, la franquicia fue sinónimo de pasión, frustración, reconstrucciones fallidas y una lealtad casi inexplicable. Pero esa misma espera hizo que el título se sintiera más grande.

El desfile por Manhattan cerró un ciclo largo de decepciones y abrió otro de orgullo. Nueva York, exigente como pocas ciudades con sus equipos, por fin pudo celebrar a los Knicks como campeones.

La escena lo dijo todo: Broadway cubierta de naranja y azul, los jugadores levantando el trofeo y una multitud convencida de que la espera, esta vez, había valido cada año.

El Especialito

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