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Díaz-Canel acusa a EE.UU. de usar “mentiras” para justificar agresiones contra Cuba

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El presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel (c), en una fotografía de archivo. EFE/ Norlys Perez/

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, acusó a Estados Unidos de recurrir a “la mentira” para crear pretextos contra Cuba, después de que el Departamento de Estado publicara un informe que describe a la isla como una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.

El documento, titulado “Cuba: Capital of 21st-Century Communism”, fue difundido por la administración de Donald Trump y presenta a La Habana como un actor que busca “socavar, degradar y desestabilizar” a Estados Unidos. Según medios internacionales, el reporte tiene unas 100 páginas y acusa al Gobierno cubano de usar redes de influencia, espionaje y vínculos ideológicos para operar contra intereses estadounidenses.

La respuesta de La Habana

Díaz-Canel negó las acusaciones y aseguró que Cuba nunca ha buscado dañar al pueblo estadounidense ni afectar la seguridad nacional de ese país. En un mensaje replicado por medios estatales, el mandatario sostuvo que la Revolución cubana se ha limitado a defenderse de “sucesivas e interminables agresiones”.

El canciller cubano también rechazó el informe y lo calificó como una nueva “falacia” del Departamento de Estado. Según La Habana, el documento forma parte de una estrategia impulsada por el secretario de Estado, Marco Rubio, para sostener la presión económica contra la isla y justificar medidas más severas.

El reporte estadounidense afirma que, durante décadas, el régimen cubano ha entrenado a terroristas, dado refugio a fugitivos e infiltrado instituciones de Estados Unidos. También señala que Cuba alberga instalaciones militares, de inteligencia y de actores extranjeros, acusaciones que las autoridades cubanas han negado repetidamente.

Una relación cada vez más tensa

El choque llega en un momento de fuerte deterioro en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. La segunda administración Trump ha endurecido las sanciones contra La Habana y ha aplicado una campaña de “máxima presión” que incluye restricciones económicas y medidas contra sectores estratégicos de la isla. El Consejo de Relaciones Exteriores ha señalado que esta etapa se caracteriza por sanciones más fuertes, un lenguaje más duro y nuevas restricciones vinculadas al petróleo.

El Gobierno cubano sostiene que esas medidas han agravado la crisis económica, los apagones y las dificultades cotidianas de la población. Por su parte, Washington afirma que su presión está dirigida contra el aparato político y militar cubano, no contra el pueblo.

El informe también se publicó en un clima político estadounidense cargado, con el anticomunismo como eje del discurso de varios sectores republicanos. The Guardian reportó que el documento incluso vincula a Cuba con grupos y figuras de izquierda dentro de Estados Unidos, una acusación que críticos consideran exagerada y políticamente motivada.

Acusaciones sobre bases y seguridad

Uno de los puntos más sensibles del informe es la supuesta presencia de instalaciones extranjeras de inteligencia o militares en Cuba. Washington ha usado ese argumento para reforzar la idea de que la isla representa una amenaza “inusual y extraordinaria”.

La Habana rechaza esa versión y asegura que se trata de acusaciones “mendaces e infundadas”. Las autoridades cubanas sostienen que Estados Unidos utiliza estos señalamientos para justificar sanciones, aislamiento diplomático y una posible escalada militar.

El cruce revive una dinámica histórica entre ambos países. Desde la Revolución cubana de 1959, la relación bilateral ha estado marcada por sanciones, crisis diplomáticas, denuncias de espionaje y profundas diferencias ideológicas. La diferencia ahora es que el lenguaje vuelve a subir de tono en un contexto regional más volátil.

Un conflicto con impacto directo en la isla

Más allá de la confrontación política, el impacto se siente en la vida diaria de los cubanos. Las restricciones al petróleo y las sanciones han coincidido con apagones prolongados, escasez y una economía cada vez más debilitada.

Para Washington, el informe busca exponer una amenaza de seguridad. Para La Habana, es una pieza más en una campaña de presión que castiga a la población y prepara el terreno para nuevas agresiones.

El resultado es una relación bilateral cada vez más cerrada. Cuba y Estados Unidos vuelven a hablarse desde la acusación, la desconfianza y el lenguaje de confrontación. Y en ese escenario, cualquier nuevo informe, sanción o declaración puede convertirse en otro punto de ruptura.

El Especialito

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