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Astronautas de Artemis II enfrentan un reingreso extremo antes de su regreso a la Tierra

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Fotografía cedida por la NASA donde aparecen los integrantes de la tripulación de la misión Artemis II, los astronautas de la NASA, la especialista de misión Christina Koch (i), el piloto Victor Glover (2d), el comandante Reid Wiseman (d), y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense (CSA), el especialista de misión Jeremy Hansen (2i), posando este martes en el interior de la nave espacial Orion. La realización de experimentos científicos, en especial sobre los riesgos de la radiación solar en el cuerpo humano, marca este miércoles el eje del día 8 de la misión Artemis II, luego de que la NASA despertara a los astronautas mientras la nave Orión continúa su regreso hacia la Tierra. EFE/NASA

Después de hacer historia al orbitar la Luna, los astronautas de Artemis II enfrentan ahora la parte que realmente quita el sueño a los ingenieros. El regreso a la Tierra no es un simple “volver a casa”, es una prueba extrema donde todo tiene que funcionar perfecto.

La cápsula Orión se prepara para entrar en la atmósfera a más de 40.000 kilómetros por hora, una velocidad que convierte el reingreso en una especie de caída controlada envuelta en fuego.

Un descenso que no perdona errores

Durante esta fase, los cuatro astronautas experimentarán fuerzas de hasta cuatro veces la gravedad. Básicamente, sentirán que su peso se multiplica mientras el vehículo intenta no desintegrarse por la fricción.

A eso se suman temperaturas cercanas a los 2.700 grados Celsius. Sí, números que suenan innecesarios hasta que recuerdas que están viajando dentro de una cápsula que depende completamente de su escudo térmico.

El escudo térmico, protagonista silencioso

Si algo falla, es ahí. El escudo térmico es la pieza clave que permite sobrevivir al reingreso, absorbiendo y disipando el calor generado por la fricción con la atmósfera.

No es casualidad que en la NASA lleven años obsesionados con esta parte. Algunos ingenieros admiten que llevan pensando en este momento desde que se asignó la misión.

Porque claro, despegar es difícil, pero volver vivo es lo que realmente importa.

Una coreografía precisa antes del impacto

Antes de tocar el agua, todo sigue una secuencia exacta. La cápsula se separa del módulo de servicio, ajusta su orientación con propulsores y comienza su descenso controlado.

Luego entran en juego los paracaídas. Once en total, desplegados en fases para reducir la velocidad de forma progresiva hasta permitir un amerizaje relativamente suave.

Relativamente, porque caer al océano a más de 30 kilómetros por hora tampoco es exactamente un paseo.

Recuperación en el océano

Una vez en el Pacífico, comienza otra operación compleja. Equipos de rescate se acercan primero para verificar que todo sea seguro antes de sacar a los astronautas.

Después, serán trasladados a un barco para evaluaciones médicas iniciales y, finalmente, llevados a tierra firme.

Todo esto puede tardar hasta 45 minutos. Porque incluso después de sobrevivir al reingreso, nadie quiere apresurarse y arruinarlo al final.

El último gran desafío de la misión

Artemis II ha sido un éxito hasta ahora. Pero esta es la prueba final.

Porque puedes viajar cientos de miles de kilómetros, orbitar la Luna y hacer historia… pero si no logras volver, todo lo demás pierde sentido.

Así que sí, el momento más crítico no fue el despegue. Es este. Y ahora mismo, todo depende de que una cápsula aguante convertirse en una bola de fuego… y sobreviva.

El Especialito

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