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Empresarios de Brasil y EE.UU. piden frenar nuevos aranceles

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Fotografía de archivo en la que se captó al ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, Márcio Elias Rosa, durante un foro, en Brasilia (Brasil). EFE/Andre Borges

Las principales organizaciones empresariales de Brasil y Estados Unidos pidieron a sus gobiernos intensificar las negociaciones para evitar nuevos aranceles sobre productos brasileños y preservar una relación comercial que consideran estratégica para las dos mayores economías del continente.

La petición fue presentada en una carta conjunta divulgada por la Confederación Nacional de la Industria, AmCham Brasil y la U.S. Chamber of Commerce. El documento fue dirigido a autoridades de ambos países, entre ellas el ministro brasileño de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, Marcio Elias Rosa; el canciller Mauro Vieira; el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, y el secretario de Estado, Marco Rubio.

Las entidades sostienen que el actual momento de diálogo bilateral ofrece una oportunidad para alcanzar una solución negociada. Según su planteamiento, imponer nuevas barreras comerciales podría dañar cadenas productivas, encarecer insumos y debilitar la confianza entre dos socios con intereses económicos complementarios.

La agenda propuesta por el sector privado se divide en dos fases. La primera busca resolver a corto plazo la investigación abierta por Estados Unidos bajo la Sección 301 de su legislación comercial. Ese proceso podría derivar en nuevos gravámenes contra productos brasileños, después de que Washington acusara a Brasil de prácticas consideradas desleales o discriminatorias.

En una segunda etapa, las organizaciones plantean ampliar el diálogo hacia temas estructurales. Entre sus prioridades están la apertura de mercados para insumos industriales, bienes de capital, productos vinculados con seguridad energética, centros de datos e infraestructura para inteligencia artificial.

La carta también propone reforzar la cooperación reguladora en sectores como el automotor, farmacéutico, salud animal y dispositivos médicos. Además, pide avanzar en protección de propiedad intelectual, reducir retrasos en el análisis de patentes en Brasil y combatir con más fuerza la piratería y la falsificación.

Otro punto señalado por las entidades es la cooperación en minerales críticos, un área cada vez más importante para la transición energética, la tecnología y la seguridad industrial. También solicitan aplicar plenamente el Protocolo Anticorrupción del Acuerdo de Cooperación Económica y Comercial entre ambos países.

La presión empresarial llega en un momento sensible. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos propuso recientemente aranceles de hasta 25% para numerosos productos brasileños, tras concluir que ciertas prácticas de Brasil afectan negativamente al comercio estadounidense. Entre los temas señalados por la USTR figuran comercio digital, pagos electrónicos, acceso al mercado del etanol, propiedad intelectual, anticorrupción y deforestación ilegal.

Además, Washington abrió investigaciones contra 60 economías por supuestas fallas en la prohibición y fiscalización de bienes producidos con trabajo forzado. La USTR indicó que esas prácticas pueden ser consideradas irrazonables y restrictivas para el comercio estadounidense, lo que abre la puerta a nuevos aranceles bajo la Sección 301.

Para Brasil, el riesgo no es menor. Estados Unidos es su segundo mayor socio comercial, solo detrás de China, y un aumento de aranceles podría afectar exportaciones industriales, agroindustriales y cadenas de suministro que cruzan ambos mercados.

Para Estados Unidos, las empresas advierten que una escalada también puede tener costos internos. Muchos fabricantes estadounidenses dependen de insumos brasileños, materias primas y bienes intermedios. Si esos productos se encarecen, el impacto puede trasladarse a consumidores, industrias y proyectos estratégicos.

El mensaje empresarial es claro: antes de una guerra arancelaria, debe haber negociación. Las cámaras no niegan que existan diferencias comerciales, pero piden resolverlas con diálogo técnico, cooperación regulatoria y acuerdos que protejan el intercambio bilateral.

La disputa llega en una etapa de mayor proteccionismo en la política comercial estadounidense. Tras decisiones judiciales que limitaron algunos mecanismos arancelarios previos, la Administración Trump ha recurrido con más fuerza a investigaciones bajo la Sección 301 para justificar nuevas medidas.

Brasil, por su parte, busca defender sus exportaciones sin romper el canal político con Washington. La carta de las organizaciones empresariales intenta precisamente empujar a ambos gobiernos hacia una salida pragmática.

El desenlace dependerá de la capacidad de las dos partes para convertir la presión en negociación. Si no hay acuerdo, los nuevos aranceles podrían profundizar tensiones comerciales y afectar a empresas de ambos países. Si lo hay, Brasil y Estados Unidos podrían usar esta crisis como punto de partida para una agenda económica más amplia y estable.

El Especialito

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