El Congreso de Estados Unidos retoma este martes su actividad tras dos semanas de receso, en medio de una crisis interna marcada por la dimisión de dos de sus miembros y nuevas investigaciones éticas en curso.
Eric Swalwell, demócrata por California, y Tony Gonzales, republicano por Texas, anunciaron su renuncia después de que salieran a la luz acusaciones de agresión sexual. Ambos decidieron apartarse antes de que avanzara una iniciativa dentro de la Cámara para expulsarlos.
Swalwell confirmó su salida en un comunicado en el que negó las acusaciones, aunque reconoció errores de juicio. Gonzales, por su parte, también informó su decisión a través de redes sociales, señalando que presentaría formalmente su retiro al reanudarse las sesiones.
El escándalo no se limita a estos dos casos. Otros legisladores, como Sheila Cherfilus-McCormick y Cory Mills, también enfrentan investigaciones por presunto desvío de fondos y violencia doméstica, respectivamente.
Ante este escenario, un grupo de demócratas pidió acelerar las investigaciones del Comité de Ética. La presión interna refleja la preocupación por el impacto político de estos casos, especialmente en distritos competitivos.
Mientras tanto, la agenda legislativa sigue acumulando temas urgentes. El Departamento de Seguridad Nacional continúa en un cierre parcial desde febrero, a la espera de un acuerdo de financiación que aún divide a demócratas y republicanos.
El desacuerdo gira en torno a las políticas migratorias de la Administración de Donald Trump. Los demócratas exigen límites más estrictos a las actuaciones de los agentes federales, incluyendo la necesidad de órdenes judiciales para detenciones y registros.
Las negociaciones no han logrado avances concretos. Como resultado, el cierre ha generado problemas operativos, especialmente en aeropuertos por la falta de personal de seguridad.
Además, el Congreso deberá abordar el conflicto con Irán. Legisladores demócratas impulsan una resolución para limitar las acciones militares del presidente, al considerar que ha excedido sus facultades.
Sin embargo, incluso si la medida se aprueba, su futuro es incierto. Sería necesario un amplio respaldo para superar un posible veto presidencial, algo que parece poco probable en el actual equilibrio político.
El regreso al Capitolio se produce así en un ambiente de tensión, con escándalos internos y decisiones clave que podrían definir el rumbo político en las próximas semanas.