Un cuadro abstracto de Mark Rothko se vendió por 85,8 millones de dólares en Sotheby’s, en Nueva York, y abrió con fuerza la temporada de subastas de primavera.
La obra, titulada Brown and Blacks in Reds, era la pieza más esperada de una venta dedicada a la colección del galerista Robert Mnuchin, fallecido en diciembre. Sotheby’s había estimado su valor entre 70 y 100 millones de dólares.
El resultado quedó dentro de lo previsto y muy cerca del récord del artista. Según reportes de mercado, el precio convierte a la pintura en la segunda obra más cara de Rothko vendida en subasta, apenas por debajo de los 86,9 millones alcanzados en 2012 por Orange, Red, Yellow.
La subasta de la colección Mnuchin reunió 11 obras y obtuvo unos 166 millones de dólares, por encima de las expectativas iniciales. Además del Rothko principal, destacó No. 1, otra obra del artista en tonos amarillos y naranjas, que alcanzó 20,8 millones. Un abstracto sin título de Willem de Kooning logró 12,4 millones.
Brown and Blacks in Reds fue pintado en 1957, una etapa muy buscada por coleccionistas y museos. La obra pertenece al periodo de madurez de Rothko, marcado por grandes campos de color y una fuerte carga emocional.
La venta también llamó la atención por la trayectoria de la pieza. Según The Wall Street Journal, Mnuchin la había comprado en 2003 por 6,7 millones de dólares. Más de dos décadas después, su precio se multiplicó de forma notable.
El resultado da una señal positiva al mercado de arte de alta gama, que llega a esta temporada con dudas por la incertidumbre económica y geopolítica. Aun así, los grandes nombres del arte moderno y contemporáneo siguen atrayendo compradores con fuerza.
Rothko no será el único protagonista de la semana. Christie’s ofrecerá en los próximos días un cuadro de Jackson Pollock y un busto de Constantin Brancusi, ambos valorados en torno a los 100 millones de dólares.
La venta en Sotheby’s dejó un mensaje claro: incluso en momentos de cautela, las obras maestras con buena procedencia siguen funcionando como imanes para los coleccionistas. Y Rothko, otra vez, volvió a demostrar que sus campos de color todavía pueden mover fortunas.










