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Sabores y diseño de vapeadores podrían tener más impacto genético que la frecuencia de uso

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Una mujer utiliza un producto de vapeo de un solo uso en Londres, Gran Bretaña, en una imagen de archivo. EFE/EPA/TOLGA AKMEN

Los vapeadores y genética vuelven a estar en el centro de la preocupación médica. Un nuevo estudio de la escuela de Medicina de la Universidad del Sur de California concluye que la composición química de los sabores y el diseño de los cigarrillos electrónicos podrían influir más en la actividad genética que la propia frecuencia de consumo.

La investigación, publicada en la revista Frontiers in Oncology, advierte que los cambios observados en la expresión de genes relacionados con enfermedades pueden ser señales tempranas de daño celular. Aunque los cigarrillos electrónicos son productos relativamente recientes y muchas enfermedades crónicas tardan décadas en manifestarse, los científicos consideran que ya existen indicios preocupantes.

El estudio señala que vapear, al igual que fumar, está vinculado a cambios en genes relacionados con el desarrollo de cáncer y enfermedades cardíacas y pulmonares.

Los sabores no serían un detalle menor

Uno de los hallazgos más importantes es que las personas que vapean con regularidad muestran actividad alterada en 3.124 genes, en comparación con quienes no fuman ni vapean.

Aunque parte de esos cambios se relacionó con la cantidad o frecuencia de vapeo, el estudio encontró que una proporción mucho mayor estaba asociada al tipo de sabor y al dispositivo utilizado.

En concreto, los investigadores observaron que el 28,8 % de los cambios se relacionaban con la frecuencia o cantidad de vapeo, mientras que el 66,6 % estaba vinculado al sabor y al tipo de aparato.

Eso significa que no solo importa cuánto se vapea. También importa qué se vapea y con qué dispositivo.

Frutas, múltiples sabores y dispositivos avanzados

Entre los usuarios de cigarrillos electrónicos, quienes usaban sabores frutales o mezclas de varios sabores mostraron más cambios en la expresión genética.

Lo mismo ocurrió con quienes utilizaban dispositivos recargables avanzados, conocidos como mods, que pueden entregar niveles más altos de nicotina que los modelos más antiguos.

Muchos de estos productos también contienen aditivos diseñados para hacer que la experiencia sea más suave y atractiva. Ese punto preocupa a los investigadores, porque algunos de esos componentes podrían tener efectos tóxicos todavía no completamente comprendidos.

El cáncer aparece como una de las mayores señales de alerta

Para realizar el estudio, los científicos analizaron a 35 usuarios de cigarrillos electrónicos, 24 fumadores y 24 personas que no usaban ninguno de estos productos. Todos eran adultos jóvenes sanos.

Además, aplicaron análisis bioinformáticos para identificar procesos moleculares y enfermedades relacionadas con los cambios genéticos observados.

Entre los usuarios de cigarrillos electrónicos, el cáncer fue la condición asociada con el mayor número de cambios en la expresión génica. Después aparecieron trastornos endocrinos, enfermedades gastrointestinales y enfermedades neurológicas.

Esto no significa que todas las personas que vapean desarrollarán cáncer. Pero sí sugiere que el vapeo puede provocar alteraciones biológicas relacionadas con enfermedades graves.

Un llamado a reglas más estrictas

Los investigadores esperan que sus datos ayuden a los organismos reguladores a tomar decisiones más firmes sobre los componentes tóxicos de los cigarrillos electrónicos.

El estudio llega en un momento clave, cuando la Agencia Estadounidense de Alimentos y Medicamentos, FDA, está ultimando directrices sobre los cigarrillos electrónicos con sabores.

Los autores consideran necesario evaluar con más detalle no solo la nicotina, sino también los sabores, los aditivos y las características técnicas de cada dispositivo.

Una advertencia para jóvenes y familias

Los vapeadores y genética deben entenderse como una alerta de salud pública, especialmente entre jóvenes, donde estos productos han ganado popularidad por sus sabores, diseños modernos y percepción de menor riesgo.

El problema es que “menos dañino que fumar” no significa seguro. Los efectos a largo plazo todavía se están estudiando, pero los primeros cambios celulares ya pueden observarse.

La recomendación más prudente es clara: evitar el vapeo, especialmente si no se fuma. Y para quienes ya lo hacen, buscar orientación médica o programas para reducir y abandonar el consumo puede ser una decisión importante para proteger la salud.

El vapeo fue vendido durante años como una alternativa más limpia o moderna. La ciencia empieza a mostrar una realidad menos cómoda: detrás de los sabores dulces y los dispositivos atractivos puede haber impactos biológicos serios que todavía estamos empezando a comprender.

El Especialito

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