El extraño proyecto Acoustic Kitty
El proyecto Acoustic Kitty es uno de los experimentos de espionaje más extraños realizados durante la Guerra Fría. En la década de 1960, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos desarrolló un plan secreto para utilizar gatos como herramientas de vigilancia.
La idea parecía salida de una película de espías. Los científicos intentaron implantar micrófonos y transmisores dentro del cuerpo de un gato para que pudiera grabar conversaciones sin levantar sospechas.
Los agentes pensaban que un animal caminando por un parque o sentado cerca de una reunión pasaría desapercibido. Así podrían escuchar conversaciones de interés sin utilizar dispositivos visibles.
Cirugías y tecnología dentro del animal
El plan Acoustic Kitty implicó un proceso quirúrgico complejo. Según documentos desclasificados décadas después, los técnicos implantaron un micrófono en el oído del animal.
También colocaron un transmisor de radio dentro de su cuerpo y una antena que recorría su cola.
El objetivo era convertir al gato en un dispositivo móvil de vigilancia capaz de transmitir audio a los agentes cercanos.
El proyecto costó varios millones de dólares y requirió años de investigación.
Un primer intento que terminó mal
La prueba inicial del proyecto Acoustic Kitty se realizó cerca de la embajada soviética en Washington. Los agentes liberaron al gato con la intención de que se acercara a un grupo de personas que conversaban en un banco del parque.
Sin embargo, el experimento fracasó casi de inmediato. Según versiones de los documentos desclasificados, el gato fue atropellado por un vehículo poco después de ser liberado.
El proyecto terminó cancelándose poco tiempo después.
Uno de los proyectos más insólitos del espionaje
Hoy, Acoustic Kitty es recordado como uno de los intentos más curiosos en la historia de la inteligencia estadounidense.
Aunque el proyecto nunca funcionó, demuestra hasta qué punto la competencia tecnológica y política de la Guerra Fría llevó a las agencias de espionaje a explorar ideas que hoy parecen sacadas de la ficción.
Décadas después, los documentos desclasificados revelaron que incluso las operaciones secretas más serias podían incluir experimentos tan extraños como intentar convertir a un gato en un espía.










