Rubén Blades cerró este sábado el festival La Mar de Músicas de Cartagena con una noche de salsa, memoria y reivindicación. El artista panameño puso en pie al público del auditorio Paco Martín del Parque Torres, donde las entradas estaban agotadas desde hacía semanas.
El regreso de Rubén Blades al festival tenía una carga especial. Dos años antes había recibido el Premio La Mar de Músicas en reconocimiento a toda su trayectoria, y esta vez volvió acompañado por la Roberto Delgado Big Band, una formación de una veintena de músicos panameños con la que también grabó su más reciente disco, Fotografías.
Una despedida con sabor a historia
A sus 78 años, Blades dejó claro que seguirá cantando, pero también confirmó que esta será su última gira internacional. Por eso, el concierto tuvo tono de celebración y despedida. No fue una noche para mirar solo al pasado, sino para agradecer el camino recorrido y reconocer a quienes lo acompañaron durante décadas.
El repertorio funcionó como un recorrido por una carrera que cambió la salsa. Abrió con “Plástico” y siguió con clásicos como “Decisiones”, “Ojos de perro azul”, “Maestra vida” y “Pedro Navaja”, una de las canciones más emblemáticas de la música popular latinoamericana.
Blades no necesitó adornar demasiado el mensaje. Sus canciones ya cargan con una visión social clara. En Cartagena habló contra el racismo, la corrupción política y las dictaduras, y defendió la libertad, la inmigración, la identidad de los pueblos de América y la salsa como espacio de comunidad.
Más que salsa bailable
La figura de Rubén Blades siempre ha sido más amplia que la de un cantante exitoso. Es autor, actor, abogado, político y uno de los grandes cronistas urbanos de América Latina. Sus letras convirtieron la calle, la injusticia, la migración y la vida cotidiana en materia musical.
La organización del festival recordó que Blades es ganador de 12 premios Grammy y 13 Grammy Latinos, y que su regreso a Cartagena formaba parte de una clausura pensada como gran cierre para la edición 2026.
Esa mezcla de ritmo y conciencia explica por qué su música sigue conectando con distintas generaciones. Sus temas se bailan, sí, pero también se escuchan como relatos. Hay personajes, crítica social, humor, tragedia y una mirada latinoamericana que no pierde vigencia.
La fiesta siguió en Cartagena
Después de más de dos horas de concierto, la clausura de La Mar de Músicas continuó en el Castillo Árabe con La Señora Tomasa, grupo catalán que ha anunciado su despedida de los escenarios. La banda llevó al público por sonidos latinos, electrónicos, rap, funk y reggae.
Más tarde, Carlangas convirtió el mismo espacio en un “Bailódromo”, título de su último disco, esta vez en formato DJ. En otros escenarios gratuitos también participaron la maliense Virginie Dembelé, con una propuesta moderna desde la tradición de Mali, y la sevillana María Marín, quien presentó Las Tres Marías desde una mirada flamenca experimental.
Una clausura con peso latino
La Mar de Músicas celebró su edición número 31 con Ecuador como país invitado, reforzando su perfil como un festival dedicado a las músicas del mundo y al diálogo cultural.
Pero el cierre fue claramente de Rubén Blades. Su concierto resumió lo que el festival busca proyectar: música con raíz, pensamiento, memoria y energía popular.
Para el público de Cartagena, fue una noche de baile. Para la música latina, otro recordatorio de por qué Blades sigue siendo una figura indispensable. Y para el propio artista, una escala más de una gira que suena a despedida internacional, pero no a silencio.