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Pozole, el ritual que empieza en la olla

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El pozole no es solo un platillo, es una ceremonia doméstica. Se prepara con tiempo, se sirve caliente y se acompaña con una mesa llena de pequeños platos que cada quien arma a su manera. En México, el pozole aparece en celebraciones, domingos largos y noches que terminan tarde. No se improvisa ni se apura. Se deja cocer hasta que el maíz florece y el caldo toma cuerpo.

Su origen es antiguo y profundamente simbólico. Con el paso de los siglos, se volvió una receta familiar, transmitida de cocina en cocina, con variaciones regionales pero una misma esencia. Un caldo claro o rojo, maíz generoso y carne suave que se deshace sin esfuerzo.

Ingredientes

  • 1 kg de maíz cacahuazintle precocido
  • 1 kg de carne de cerdo, espinazo, pierna o cabeza
  • 1/2 cebolla
  • 4 dientes de ajo
  • 2 hojas de laurel
  • Sal al gusto

Para servir

  • Lechuga o repollo finamente picado
  • Rábanos en rodajas
  • Aguacate en cubos
  • Cebolla picada
  • Orégano seco
  • Limón
  • Chile en polvo o salsa al gusto

Preparación

  1. Lava bien el maíz y colócalo en una olla grande con suficiente agua. Cocina a fuego medio hasta que los granos empiecen a abrirse.
  2. En otra olla, coloca la carne de cerdo con agua, la cebolla, el ajo, el laurel y sal. Cocina hasta que la carne esté suave y el caldo bien formado.
  3. Incorpora la carne y su caldo a la olla del maíz. Ajusta de sal.
  4. Cocina todo junto a fuego bajo durante al menos una hora, hasta que los sabores se integren y el caldo tenga profundidad.
  5. Retira la cebolla, el ajo y las hojas de laurel antes de servir.

Consejos útiles

  • El pozole mejora con el tiempo. Si puedes prepararlo un día antes, el sabor se vuelve más redondo.
  • No escatimes en el caldo. Debe ser abundante y limpio.
  • El maíz debe estar bien abierto. Si no lo está, necesita más tiempo, no más sal.
  • Sirve los acompañamientos por separado para que cada persona arme su plato.

El pozole se sirve humeante, con la mesa llena de opciones y sin instrucciones estrictas. Cada cucharada cambia según quien la prepare. Eso es parte de su fuerza. No es un plato estático, es una experiencia compartida que empieza en la olla y termina mucho después del último sorbo.

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