Rick Adelman, uno de los entrenadores más respetados en la historia reciente de la NBA, falleció a los 79 años tras una carrera marcada por más de mil victorias, dos finales de liga y una reputación construida desde la seriedad, el liderazgo y la consistencia.
Los Minnesota Timberwolves, equipo en el que Adelman cerró su etapa como entrenador en abril de 2014, confirmaron su muerte a través de un mensaje en X. La franquicia destacó su legado y señaló que el técnico californiano representó liderazgo, integridad y profesionalismo durante toda su carrera. El equipo no precisó la causa del fallecimiento.
Adelman fue incluido en el Salón de la Fama en 2021 después de sumar 1.042 victorias como entrenador en la NBA, una cifra que lo ubica en el décimo lugar histórico de la liga.
De jugador discreto a entrenador histórico
Antes de convertirse en una figura de peso en los banquillos, Rick Adelman tuvo una carrera como jugador que se extendió durante siete años.
Llegó a la NBA en 1968, seleccionado por los San Diego Rockets en la séptima ronda del draft. Dos años después pasó a los Portland Trail Blazers, franquicia con la que más tarde viviría los mejores momentos de su carrera como entrenador.
También jugó para los Chicago Bulls, New Orleans Jazz y Kansas City Kings, donde se retiró en 1975.
Su verdadero impacto en la liga llegó desde el banquillo. En 1983 comenzó como asistente en Portland y en 1989 asumió la dirección del equipo.
Portland, su gran etapa
En su primera temporada completa al frente de los Trail Blazers, Adelman logró una marca de 59 victorias y 23 derrotas, entonces el mejor registro en la historia de la franquicia. Con Clyde Drexler como estrella, llevó al equipo a las Finales de la NBA de 1990, donde cayó ante los Detroit Pistons por 4-1.
La temporada siguiente elevó el listón con 63 victorias, aunque Portland fue eliminado por Los Ángeles Lakers de Magic Johnson en las finales de la Conferencia Oeste.
En 1992 regresó a las Finales de la NBA. Esta vez, los Trail Blazers perdieron ante los Chicago Bulls de Michael Jordan por 4-2. Aunque el título se le escapó, esa etapa consolidó a Adelman como uno de los entrenadores más capaces de su generación.
Un técnico respetado en toda la liga
Además de Portland y Minnesota, Rick Adelman dirigió a los Golden State Warriors, Sacramento Kings y Houston Rockets.
Su etapa con los Kings, entre 1999 y 2006, también es recordada con especial cariño por muchos aficionados de la NBA. Aquel equipo de Sacramento jugaba con inteligencia, circulación de balón y una identidad ofensiva muy reconocible.
Adelman fue elegido en dos ocasiones como entrenador del equipo del Oeste en el Partido de las Estrellas, otro reconocimiento a la estabilidad y competitividad que aportaba a sus equipos.
No era un técnico de gestos exagerados ni de grandes frases para titulares. Su influencia estaba en la estructura, en la confianza que daba a sus jugadores y en la capacidad para construir equipos difíciles de enfrentar.
Su cierre en Minnesota
Adelman llegó a los Timberwolves en 2011 y dirigió al equipo durante tres temporadas. En ese periodo hizo debutar en la NBA al base español Ricky Rubio, quien este martes le dedicó un mensaje tras conocer su fallecimiento.
“Te quiero, entrenador. Único en su clase. Gracias por todo”, escribió Rubio en X.
El técnico decidió retirarse en abril de 2014, después de no lograr que Minnesota volviera a clasificarse para la fase final. En su decisión también pesaron los problemas de salud de su esposa, Mary Kay.
Gregg Popovich, entrenador de los San Antonio Spurs, lo definió alguna vez como “un entrenador eterno”. La frase resume bien lo que Adelman representó para la liga.
Un legado sin necesidad de anillo
Rick Adelman nunca ganó un campeonato de la NBA como entrenador, pero reducir su carrera a ese dato sería injusto.
Llevó a Portland dos veces a las Finales, superó las mil victorias, dejó una marca fuerte en varias franquicias y fue respetado por jugadores, colegas y rivales.
Su legado no depende de un trofeo. Depende de la forma en que dirigió durante 23 años: con orden, inteligencia y una calma competitiva que no necesitaba hacer ruido para imponerse.
En una liga donde muchas veces solo se recuerda al campeón, Adelman pertenece a otra categoría importante: la de los entrenadores que elevaron a sus equipos, dejaron escuela y ganaron respeto en cada cancha que pisaron.