España y Argentina jugarán este domingo una final mundialista con aroma de Finalissima. Las vigentes campeonas de Europa y América se enfrentarán por el título del Mundial 2026, apenas 114 días después de la fecha en la que debían disputar un duelo oficial que terminó suspendido por la guerra de Irán.
El partido que no pudo celebrarse en marzo tendrá ahora un escenario mucho más grande: la final de la Copa del Mundo. Ya no estará en juego solo un trofeo entre campeones continentales. Esta vez, España y Argentina pelearán por la hegemonía actual del fútbol mundial.
Una Finalissima que quedó en pausa
La Finalissima estaba programada para el 27 de marzo en Catar. Sin embargo, el conflicto en Medio Oriente alteró los planes. Los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán, y la respuesta iraní con misiles hacia países de la zona con bases estadounidenses, obligaron a cancelar el encuentro.
Después comenzó otro problema: encontrar una nueva fecha y una sede aceptada por todas las partes. Según EFE, la UEFA, España, la CONMEBOL y Argentina no lograron un acuerdo.
La UEFA expresó entonces su decepción y sostuvo que había intentado salvar el partido. Entre las opciones evaluadas estuvo jugar en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid, con reparto equitativo de aficionados. La CONMEBOL rechazó esa alternativa al considerar que no era una sede neutral.
También se habló de una eliminatoria a doble partido, uno en Madrid y otro en Buenos Aires, pero esa idea tampoco prosperó.
La CONMEBOL, por su parte, aseguró que Argentina siempre mantuvo la voluntad de jugar en terreno neutral. Incluso aceptó una propuesta para disputar el partido en Italia, aunque pidió mover la fecha del 27 al 31 de marzo. La UEFA respondió que ese cambio no era posible.
Ahora el destino cruzó los caminos
Lo que no pudieron resolver los despachos lo terminó resolviendo el Mundial. España y Argentina llegaron a la final por caminos distintos, pero con planteles que mantienen la base de aquellos equipos que iban a disputar la Finalissima.
La Roja llega como campeona de Europa y finalista mundial tras eliminar a Francia. Lo hizo con autoridad, bajo el mando de Luis de la Fuente, y con una generación joven que ya sabe ganar.
Argentina, campeona de América y vigente campeona del mundo, vuelve a una final con Lionel Messi como gran referencia. El equipo de Lionel Scaloni mantiene una estructura reconocible, con futbolistas que ya fueron campeones y otros que se sumaron al ciclo.
Cambios en España desde marzo
España tuvo varios cambios respecto a la convocatoria prevista para aquella Finalissima suspendida. Quedaron fuera nombres como Álex Remiro, Dean Huijsen, Cristian Mosquera, Pablo Fornals, Carlos Soler, Fermín López y Ander Barrenetxea.
En cambio, para el Mundial aparecieron jugadores importantes como Eric García, Marc Pubill, Gavi, Fabián Ruiz, Mikel Merino y Nico Williams. Algunos no estaban disponibles en marzo por lesiones o procesos de recuperación.
Ese ajuste terminó fortaleciendo al equipo. De la Fuente encontró una mezcla de juventud, ritmo y experiencia que llevó a España a su segunda final mundialista.
Argentina mantiene su columna
Argentina también cambió piezas, aunque su base se mantuvo muy parecida. En marzo, Scaloni no pudo contar con Lautaro Martínez, Lisandro Martínez ni Giovanni Lo Celso, que estaban en recuperación. Ahora, los tres forman parte del grupo que llegó a la final.
En aquel momento también estuvo Franco Mastantuono, aunque después quedó fuera de la lista mundialista.
El once argentino del amistoso ante Zambia, que reemplazó a la Finalissima suspendida, ya mostraba una estructura familiar: Dibu Martínez, Nahuel Molina, Cuti Romero, Nicolás Otamendi, Nicolás Tagliafico, Enzo Fernández, Leandro Paredes, Alexis Mac Allister, Messi, Julián Álvarez y Thiago Almada.
Para la semifinal ante Inglaterra, las diferencias fueron pocas. Lisandro Martínez entró por Otamendi y Giuliano Simeone por Almada.
Una final con peso histórico
España y Argentina llegan al partido más importante del Mundial con mucho más que talento. Llegan con títulos recientes, identidad y una historia pendiente entre ambas.
La Finalissima suspendida quedó como una cita frustrada. Pero el fútbol, con su manía de escribir mejores guiones que cualquier oficina, les dio una revancha mucho más grande.
Este domingo, ya no habrá discusiones sobre sede neutral ni fechas posibles. Habrá una final mundialista. España buscará su segunda estrella. Argentina intentará defender su corona y sumar la cuarta.
La Finalissima que no fue tendrá su versión más poderosa: España y Argentina frente a frente por el mundo entero.